Declaraciones y discursos Múltiples mecanismos
El derecho al desarrollo seguirá siendo “un sueño lejano para millones de personas” si no se modifican las prioridades mundiales, dice el Alto Comisionado
12 de mayo de 2025
Pronunciado por
Volker Türk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
En
26º periodo de sesiones del Grupo de Trabajo Intergubernamental sobre el Derecho al Desarrollo - Ginebra
Excelencias, distinguidos delegados:
Nos reunimos en un momento aciago para el mundo y para los derechos humanos.
Conflictos terribles. Desigualdades galopantes. Trastornos climáticos. Deudas onerosas.
En muchos lugares del mundo, los dirigentes populistas aprovechan las divisiones y hacen retroceder los derechos fundamentales -con la ayuda de la catarata de desinformación que circula en las redes sociales-.
Los resultados de todo esto son descorazonadores.
Las crisis del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos ocupan, con razón, los titulares de la prensa, desde Sudán hasta Ucrania y Gaza.
Pero, al margen de la atención del resto del mundo, los grupos de población más pobres se están quedando cada vez más rezagados en la carrera del desarrollo.
El Banco Mundial anunció que la década de 2020 a 2030 será un decenio perdido en términos de desarrollo.
La semana pasada, el Informe sobre Desarrollo Humano confirmó que el progreso está experimentando un frenazo drástico.
En muchos países en desarrollo, la reducción de la pobreza se ha ralentizado hasta casi detenerse, desde que la pandemia del COVID 19 comenzó, hace cinco años.
Las metas de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible parecen cada vez más inalcanzables.
Más de la mitad de los países de bajos ingresos están a punto de incumplir sus compromisos en materia de deuda externa o ya han suspendido pagos. Pero la financiación del desarrollo que necesitan también se está reduciendo, a medida que las economías de los países más ricos modifican sus prioridades y aumentan sus presupuestos de defensa hasta niveles de récord.
La financiación destinada a los países en desarrollo ha venido reduciéndose desde 2020. Ahora, los principales donantes se aprestan a aplicar nuevos recortes equivalentes al 18% del total.
Ese es el nuevo escenario en el que ahora se desenvuelven los trastornos financieros, los nuevos aranceles, los pronósticos de recesión mundial y la guerra comercial.
Estas amenazas quizá parezcan un juego de póker de altos vuelos entre los dirigentes de los países más ricos del mundo, con la economía internacional en el papel de banca.
Pero las ondas de choque causadas por una guerra comercial pueden sacudir a los países menos avanzados con la fuerza de un tsunami. Para ellos, es cuestión de vida o muerte.
Aplaudo las informaciones que apuntan a que China y Estados Unidos han logrado progresar en sus negociaciones comerciales.
Pero me molestan las estrategias que tratan a los pueblos más pobres de la Tierra como si fueran peones prescindibles.
A medida que el aumento de la desigualdad y la injusticia refuerza la división y la polarización, también hace del mundo un lugar más peligroso para todos los seres humanos.
Excelencias, distinguidos delegados:
El derecho al desarrollo seguirá siendo un sueño lejano para millones de personas, a menos que logremos dar un giro fundamental a las prioridades mundiales.
Tengo la firme convicción de que el progreso en la consecución de toda la gama de derechos humanos puede revertir las tendencias destructivas que hoy se manifiestan. Y que la mejor manera de garantizar la seguridad mundial es mediante el desarrollo sostenible y el cumplimiento de los derechos humanos, no mediante guerras comerciales ni carreras armamentísticas.
El derecho al desarrollo es parte esencial de este cambio, porque en él se reconoce explícitamente la interconexión entre las personas, las comunidades y las naciones.
Ese derecho es un puente que enlaza las prerrogativas de las personas y de las comunidades, con los derechos que los gobiernos se han comprometido a hacer realidad mediante convenios y tratados internacionales.
Ningún gobierno puede invertir en desarrollo sostenible a menos que disponga de los recursos y los conocimientos técnicos necesarios para hacerlo realidad. Y estos recursos dependen de las iniciativas internacionales.
Los organismos intergubernamentales, constituidos en torno a las Naciones Unidas, son la plataforma y el mediador para desarrollar esos debates y alcanzar esos acuerdos.
Las tensiones geopolíticas, las crisis del clima y el medio ambiente y los pronósticos sombríos acerca de la economía que se escuchan hoy exigen un frente sólido y unido.
Los países desarrollados y las naciones en desarrollo deben colaborar, unidos y solidarios, para abordar los problemas que les afectan a todos.
Los Estados deben lograr que la gobernanza mundial sea más sensible a los problemas y las instituciones multilaterales más representativas, tal como se planteó en el Pacto para el Futuro.
En la aplicación del Pacto, será preciso velar por que la asistencia al desarrollo sea adecuada y previsible, se brinde apoyo a las transferencias de tecnología y se ofrezcan soluciones duraderas para aliviar la presión de la deuda externa.
Sin olvidar que los derechos humanos van más allá de los factores económicos.
Como señaló el ganador del Premio Nobel Amartya Sen, el desarrollo es, sobre todo, una cuestión de libertad.
En un plano elemental, se trata de librarse de la pobreza, el hambre y las enfermedades prevenibles. Asimismo, abarca la libertad de poder escoger dónde uno vive, cómo se gana la vida, cuántos hijos tiene y muchos otros aspectos.
El derecho al desarrollo se refiere al derecho de cada persona a ejercer el control de su propia vida, a realizar sus capacidades potenciales y a participar en las decisiones que le afectan. Este derecho reconoce la función especial que desempeñan las mujeres, que suelen ser agentes del cambio social, al ayudar a hacer realidad los derechos de sus familias y comunidades.
Todos los derechos humanos tienen que ver con la liberación y la emancipación, y ofrecen una vía para superar las desigualdades y las injusticias. Además, están íntimamente vinculados. El derecho al desarrollo no existe sin los derechos sociales, económicos, culturales, políticos y civiles.
Mi Oficina trabaja en el mundo entero con el fin de hacer realidad el derecho al desarrollo en sus múltiples facetas, desde cuestiones específicas que abarcan las medidas coercitivas unilaterales y la no repatriación de fondos de origen ilícito, hasta el apoyo a los Estados que construyen economías basadas en los derechos humanos, así como nuestros esfuerzos en pro de la protección medioambiental y la sostenibilidad.
Esa labor incluye el apoyo a más de 80 proyectos en 38 países, con análisis presupuestarios, asesoramiento sobre el servicio de la deuda y sobre políticas que promueven del derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible.
Por último, exhorto a los Estados Miembros a que incorporen los derechos humanos, comprendido el derecho al desarrollo, como principios rectores de sus leyes y políticas, así como en los acuerdos internacionales.
El Tratado Mundial sobre Plásticos, la Convención Marco sobre Cooperación Fiscal Internacional, la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, todos estos convenios deben ajustarse a los derechos humanos y, en primer lugar, al derecho al desarrollo.
Estos acuerdos deben ayudar a los Estados a apoyar y proteger a sus pueblos, en particular a los más pobres y vulnerables.
El modelo actual -que facilita la salud, la riqueza, los empleos y los derechos para algunos, pero no para todos- es miope, divisivo y, a fin de cuentas, peligroso.
En momentos de graves trastornos internacionales, la inversión en derechos humanos exige una pequeña fracción de los recursos mundiales y a cambio ofrece inmensos beneficios para todos.
Muchas gracias.
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