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Declaraciones y discursos Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

Alto Comisionado Türk se dirige al Foro Imagine: Necesitamos ahora otro Momento Reikiavik

Derechos humanos en un mundo de conflictos al alza

12 de octubre de 2026

Pronunciado por

Alto Comisionado para los Derechos Humanos Volker Türk

En

Foro Imagine: De las lecciones de la Guerra Fría a los desafíos modernos

Lugar

Reikiavik

Estoy encantado de dirigirles la palabra en este hermoso país, que a menudo ha ejercido una influencia desproporcionada en los acontecimientos mundiales.

En nuestra era actual de tantas fracturas peligrosas, Reikiavik es un recordatorio de tiempos pasados en los que los líderes mundiales superaron las diferencias ideológicas más acusadas – y la amenaza de una aniquilación nuclear global – para crear un espacio de diálogo.

Hoy, volvemos a fijarnos en la historia para extraer lecciones sobre cómo podemos vencer las divisiones que están desgarrando nuestro mundo actual.

Las amenazas a los derechos humanos están al alza y sacudiendo los cimientos de la paz, la igualdad y la sostenibilidad, incluidos los marcos multilaterales y las instituciones que hemos construido con tanto esfuerzo durante décadas para avanzar en nuestros objetivos compartidos.

Conflictos: actualmente se están desarrollando más de 60 guerras en las que participan al menos un Estado, la cifra más elevada desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Estas guerras amenazan la vida de las personas, provocan desplazamientos masivos y desestabilizan el medio ambiente, las economías y regiones enteras. En Ucrania, Sudán y Oriente Medio, incluyendo Israel y el Territorio Palestino Ocupado, el derecho internacional humanitario y de derechos humanos es ignorado de forma rutinaria, y en ocasiones usando los argumentos más espurios. Las personas y grupos vulnerables están siendo golpeados de manera brutal.

Mientras tanto, las enormes desigualdades hacen pedazos las esperanzas, los derechos y las vidas de cientos de millones de personas. Unas condiciones comerciales desiguales y el aumento descontrolado de los pagos de la deuda están eliminando gradualmente los derechos humanos y la dignidad humana de los presupuestos del sector público, privando a millones de personas de sus derechos a servicios esenciales y profundizando su marginación.

También estamos siendo testigos de un incremento de la discriminación y de ataques alarmantes contra la igualdad, incluyendo un resurgimiento de ideas tóxicas que promueven tanto la supremacía masculina como la supremacía blanca. Resulta desconcertante que misóginos, racistas, homófobos y otros supremacistas sean ensalzados por algunos como héroes, y que sus ideas sean tomadas en préstamo y difundidas a través de campañas políticas. Vemos este fenómeno cada vez más en contextos electorales.

Estas ideas incitan a la violencia y a los ataques contra décadas de progreso en materia de derechos reproductivos, lucha contra la discriminación y políticas de diversidad, equidad e inclusión.

El cambio climático, la contaminación y la pérdida de biodiversidad representan una amenaza catastrófica para nuestros derechos, ahora y en el futuro. Estoy sumamente preocupado por las consecuencias de los fenómenos climáticos extremos, incluyendo el aumento de la inseguridad alimentaria, la destrucción, el desplazamiento y las enfermedades.

Cuando caminé por los Alpes este verano me sentí muy triste: glaciares que se derriten, pérdida de biodiversidad, temperaturas en aumento. Sufrimos una sequía y pérdida de cosechas. A veces me pregunto si nuestros descendientes acusarán a nuestra generación y a las generaciones anteriores de ecocidio. Y sin embargo, aunque esta pérdida afecta a todo el mundo, una especie de inercia colectiva parece seguir paralizando a muchos responsables de la toma de decisiones.

La inteligencia artificial está avanzando a un ritmo mucho más rápido que los esfuerzos para crear salvaguardas. Todos hemos escuchado informes recientes sobre sistemas de IA que actuaron con una peligrosidad impredecible mientras realizaban tareas asignadas. Ya sea deliberadamente o por accidente, los agentes de IA podrían hacerse con el control o incluso interrumpir los servicios esenciales de un país, desde la atención médica hasta la electricidad o la banca. Necesitamos regulación y necesitamos salvaguardias, usando como base los derechos humanos. Los derechos humanos no tienen que ver solamente con la ética. Tienen que ver con el derecho, las obligaciones y las responsabilidades, además de con las responsabilidades legales: el marco de los derechos humanos ofrece todos estos elementos. Esto es importante no solo para las empresas sino también para los gobiernos.

Otro gran desafío que debemos mencionar es que la democracia ha retrocedido notablemente en todo el mundo en los últimos años. La Economist Intelligence Unit considera que menos del siete por ciento de la población mundial vive actualmente en una democracia plena, frente al 12,5 por ciento de hace 10 años. El espacio cívico se está reduciendo, ya que quienes están al frente del debate público – periodistas, sindicalistas y defensores de los derechos humanos y del medio ambiente – son atacados dentro de sus países y, cada vez más, a través de las fronteras – a este fenómeno lo llamamos represión transnacional.

Estos retos amenazan nuestras vidas, nuestros valores, nuestro futuro y el mundo que queremos dejar a nuestros descendientes.

Pero Reikiavik, y los ecos de debates pasados celebrados aquí, nos enseñan que estos problemas pueden resolverse.

La Cumbre de 1986 representó un momento decisivo en la búsqueda de soluciones internacionales a una amenaza global de pesadilla.

Por un lado, las conversaciones fracasaron. El líder soviético Mijaíl Gorbachov y el presidente estadounidense Ronald Reagan no lograron un acuerdo sobre el desarme nuclear en Reikiavik.

Un amigo mío, que casualmente estaba informando sobre estas negociaciones trabajando como periodista, me describió recientemente las caras sombrías y adustas que mostraban los delegados estadounidenses y soviéticos al abandonar la conferencia.

Pero el verdadero valor de esa Cumbre se reveló con el paso del tiempo. Los dos líderes habían abierto una puerta al diálogo en torno a las cuestiones más difíciles relacionadas con el desarme. Comenzaron a alejarse de la lógica rígida de la confrontación y encontraron un terreno común.

En los meses y años posteriores, los líderes estadounidenses y soviéticos avanzaron hacia una gobernanza más reflexiva y compartida de la amenaza apocalíptica de las armas nucleares. Emprendieron el camino que finalmente puso fin a la Guerra Fría.

Las conversaciones de Reikiavik fueron seguidas un año después por el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio de 1987. El famoso Reloj del Apocalipsis, que sirve para calcular el riesgo de un cataclismo global, se retrasó a seis minutos antes de la medianoche.

Hoy, el Reloj está a solo 85 segundos de alcanzar la medianoche: el punto más próximo que ha estado a la amenaza de aniquilación total desde que fuera creado, después de la Segunda Guerra Mundial.

Si el Secretario General Gorbachov y el Presidente Reagan pudieron ayudar a librar a la humanidad de estar al borde de la catástrofe, nosotros también podemos.

También existen otros ejemplos, incluyendo la iniciativa contra la viruela durante la Guerra Fría diseñada para erradicar la enfermedad; y luego tuvimos Helsinki en 1975.

Puedo extraer muchas lecciones de las conversaciones que he mantenido aquí en Reikiavik, y una de ellas es muy sencilla: nunca te rindas. A veces, incluso en el fracaso, yace, escondida, una esperanza de éxito.

Nosotros, en la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, estamos decididos a encontrar y hacer realidad esa esperanza. Para parafrasear a Sigmund Freud, la voz de los derechos humanos puede ser sutil, pero no descansará hasta ser escuchada.

Estoy convencido de que podemos encontrar soluciones inclusivas y efectivas para los desafíos actuales, basadas en los derechos humanos. Porque los derechos humanos no son un sueño; son una serie de decisiones muy concretas y prácticas.

Permítanme ilustrar esta realidad rápidamente señalando algunas soluciones a los desafíos globales que esbocé anteriormente.

En primer lugar: Conflictos. Nosotros construimos la paz desde la raíz misma, cultivándola en cada ocasión que podemos. Desde Nepal hasta Colombia, estos son objetivos que mi Oficina y las Naciones Unidas han ayudado repetidamente a los países a alcanzar. Necesitamos convocar a la mesa de negociaciones a las partes en conflicto, haciendo partícipes a mujeres promotoras de la paz de principio a fin. Desafortunadamente, hemos visto cómo han escaseado estos encuentros últimamente.

Necesitamos garantizar la rendición de cuentas, que sirve para ofrecer reparaciones por hechos del pasado y para proteger el futuro. La ausencia de justicia conduce directamente a la ausencia de paz. Y necesitamos proteger las instituciones que crean la esperanza de que se haga justicia entre las víctimas en todas partes. Este proceso comienza también con la Corte Penal Internacional. Estoy consternado por las sanciones institucionales que han sido impuestas por los Estados Unidos, [y también por otras medidas emprendidas por la Federación de Rusia].

En segundo lugar: el cambio climático. Es vital que los líderes que van a reunirse en la COP 31 el próximo mes logren concretar medidas reales destinadas a mantener el objetivo de 1,5°C al alcance. El período de tiempo que se exceda este umbral, que ahora parece inevitable, debe ser lo más pequeño y breve posible. Debe llevarse a cabo una eliminación gradual pero a la vez rápida y equitativa de los combustibles fósiles; una transición justa hacia economías que inviertan en los derechos humanos y la salud de nuestro planeta; además de protección para los defensores y defensoras de derechos humanos medioambientales.

En tercer lugar, la discriminación: aquí, permítanme decir unas palabras sobre el liderazgo. Mostrar actitudes fingidas y pavonearse como si fuera una caricatura de agresividad, mientras se incita al desprecio y la humillación hacia algunos chivos expiatorios escogidos, no significa liderazgo. Se convierte en la exhibición de un abusón en el patio de un colegio. El liderazgo no equivale a narcisismo, ni puede expresarse mediante ninguna ideología de supremacía.

La historia nos enseña que los verdaderos líderes, aquellos y aquellas quienes resisten la prueba del tiempo, son aquellos y aquellas que defienden los derechos humanos, a veces a un alto precio para sus vidas personales. Acabamos de ver un gran despliegue de estas actitudes en la mesa redonda anterior.

Cuarto, la inteligencia artificial. Garantizar una gobernanza firme y segura de todas las herramientas digitales, de modo que respeten y promuevan los derechos humanos, en lugar de oprimirlos, será otra prioridad global para todos nosotros y nosotras en los próximos años. Ningún país debería gobernar esta tecnología por sí solo. Y ningún empresario debería sentirse con derecho a decidir, por sí solo, que la humanidad debe aceptar estos riesgos imprudentes.

En quinto lugar, las amenazas para la democracia y el espacio cívico. Para poder adoptar decisiones relevantes y eficaces, los gobiernos necesitan ideas, opiniones y, sí, críticas y pensamiento crítico de parte de las personas a las que sirven.

Una participación pública lo más amplia posible, en todos los niveles de toma de decisiones, garantiza que las políticas atiendan a problemas reales y aumenta la credibilidad y legitimidad de los gobiernos. Necesitamos trabajar por un espacio cívico más amplio en todas las regiones del mundo. Escuchar a las personas siempre resulta una práctica positiva, especialmente a los jóvenes, y escuchar también lo que desean para el mundo en el que viven.

Sexto, las desigualdades. Necesitamos economías que funcionen para todos y todas; donde las decisiones de tipo económico, empresarial, medioambiental y de inversión ayuden a reparar las desigualdades poniendo el objetivo en el bienestar de las personas y el planeta.

Desde Escocia en el Reino Unido, hasta Bangladesh, Kenya, Uzbekistán y otros lugares, mi Oficina trabaja con Estados para desarrollar economías de derechos humanos; para evaluar el impacto de las políticas económicas; y para promover la participación, la transparencia y la rendición de cuentas en las decisiones de corte económico.

Las soluciones que he esbozado son efectivas. Y son factibles y nos exigen trabajar de manera conjunta.

Necesitamos otro 'momento Reikiavik' ahora.

En nuestro mundo cada vez más frágil y polarizado, todavía existe una gran mayoría que apoya soluciones multilaterales para los problemas globales.

Todavía existe un apoyo abrumador para el diálogo que promueve soluciones sostenibles al conflicto.

Todavía existen personas que reclaman en todos los lugares del mundo economías que ofrezcan justicia, igualdad, participación, dignidad y derechos.

Reikiavik nos recuerda: Los problemas pueden resolverse. Necesitamos hacer frente a las narrativas que nos afirman lo contrario.

Nuestra nueva Alianza Global por los Derechos Humanos es un punto de partida. Servirá para unir a gobiernos locales, la sociedad civil, los jóvenes, personas del mundo empresarial, las artes, el mundo de la filantropía y los deportes, entre muchos otros, y yo les invito a ustedes a participar.

Reikiavik nos mostró el camino.

Ahora necesitamos más que nunca abrir espacios donde las voces constructivas puedan fomentar un mayor respeto por los derechos humanos. Esta es la única manera de lograr seguridad, un desarrollo inclusivo y sostenible, además de una paz duradera, ahora y para las generaciones futuras.

Gracias.

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