Skip to main content

Declaraciones y discursos Múltiples mecanismos

Acabar con la violencia de género es un requisito para conseguir un mundo más pacífico y justo, según Alto Comisionado

25 de noviembre de 2024

Pronunciado por

Volker Türk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

Lugar

Ginebra, Palacio de las Naciones

“16 días de activismo: eliminar la violencia de género contra mujeres y niñas en situaciones de conflicto y humanitarias”

Excelencias, distinguidos participantes, colegas, amigos y amigas,

Es un placer estar aquí hoy para inaugurar los 16 Días de activismo para poner fin a la violencia contra mujeres y niñas, que se celebran anualmente entre este día importante y el Día de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre.

La violencia de género y la violencia contra mujeres y niñas en situaciones de conflicto y crisis es uno de los crímenes más brutales y detestables de nuestro mundo. Y, sin embargo, pese a la condena universal, sigue empleándose como táctica de guerra y como medio de represión política.

Desde Israel y Gaza hasta Sudán, Afganistán, Ucrania, la República Democrática del Congo, Haití y más allá, las mujeres y las niñas están siendo aterrorizadas, maltratadas, obligadas a abandonar sus hogares, violadas, detenidas, privadas de su salud y sus derechos sexuales y reproductivos, además de ser víctimas de abusos sistemáticos.

En el informe del Secretario General sobre la violencia sexual en los conflictos de 2023 se registraron más de 3.600 casos verificados por las Naciones Unidas, el 95 por ciento de los cuales fueron contra mujeres y niñas. Y estas cifras representan una ínfima parte de los casos. La mayoría nunca se denuncian, nunca se abordan y nunca se enjuician.

A medida que proliferan los conflictos, se recrudecen las crisis humanitarias y se incumple flagrantemente el derecho internacional, las mujeres y las niñas pagan un precio terrible. Son objeto de violencia de género como táctica de guerra para humillar, dominar e infundir miedo, a veces con el objetivo de dispersar y reubicar a comunidades o grupos étnicos enteros. La violencia puede continuar incluso una vez acabado el conflicto, y las lesiones físicas y los traumas mentales que provoca pueden durar toda la vida.

El aumento de la inseguridad, la violencia organizada y los conflictos armados es a la vez causa y consecuencia de las desigualdades de género y la discriminación contra las mujeres y niñas.  Está estrechamente vinculado a las violaciones de los derechos humanos fundamentales de la mitad de la población.

A medida que los progresos alcanzados en la igualdad de género se encuentran en retroceso, observamos una militarización en proceso. Mientras mujeres y niñas ven denegados sus derechos básicos, millones de dólares en armamento estallan ante nosotros cada día, conllevando consecuencias muy trágicas.

Prevenir y eliminar la violencia de género en conflictos y crisis humanitarias es, por tanto, un camino importante a seguir hacia una paz sostenible, basada en los derechos humanos y la dignidad humana para todos.

Y la igualdad de género, incluyendo la participación plena y liderazgo de las mujeres en los procesos de paz, como se establece en la agenda sobre las mujeres y la paz y la seguridad, es naturalmente un requisito imprescindible para gozar de unas sociedades pacíficas y justas.

Distinguidos participantes, amigos y amigas,

No es que esta situación sea inevitable. Puede y debe cambiar.

Sabemos la forma en que puede reducirse y prevenirse la violencia contra las mujeres y niñas en los conflictos y las crisis. A lo largo de los años se han desarrollado, aplicado y probado muchas herramientas jurídicas y operativas prácticas aunque debemos hacer un mejor uso de ellas.

Me gustaría compartir algunos aspectos importantes al respecto.

En primer lugar, el derecho internacional.

En los conflictos, los derechos de la mujer están garantizados por un régimen jurídico internacional sólido, que incluye las Convenciones de Ginebra, la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, el derecho penal internacional, como el Estatuto de Roma, además de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

No podemos permitir que estas leyes se socaven, erosionen o apliquen de forma incoherente.

En segundo lugar, los autores de la violencia de género contra mujeres y niñas en situaciones de conflicto y crisis deben rendir cuentas. Es preocupante que la gran mayoría queden impunes. Pero también conocemos la importancia de la rendición de cuentas, puesto que puede disuadir de cometer nuevas violaciones.

Mi Oficina trabaja en pro de la justicia. Me alegro de tener aquí a nuestros socios porque todos estamos realizando el mismo cometido. Nuestros equipos en las misiones de mantenimiento de la paz y en las oficinas en los países vigilan las violaciones de los derechos humanos y documentan sobre todo la violencia sexual relacionada con los conflictos. También apoyamos a quienes investigan las violaciones, incluyendo las Comisiones de investigación y las misiones de determinación de los hechos que se deciden a través del Consejo de Derechos Humanos.

En tercer lugar, debemos apoyar a los y las supervivientes y a las víctimas, al igual que aprender de sus experiencias. A menudo se hace demasiado hincapié en los responsables y no lo suficiente en las víctimas.

El enfoque de mi Oficina para prevenir y responder a la violencia sexual en los conflictos se centra en los supervivientes. Tenemos que hacer oír sus voces mucho más. Damos prioridad a las necesidades de los supervivientes, incluidos los grupos especialmente vulnerables o que pueden ser objeto de ataques.

De hecho, en la actualidad nos encontramos desarrollando una estrategia nueva sobre violencia de género que se centra en las causas profundas, incluidas las desigualdades de género, raciales y económicas, y que también pretende concienciar sobre esta lacra mundial. Con demasiada frecuencia, se trata de un delito oculto, y las víctimas y supervivientes sufren en silencio y quedan estigmatizados.

En cuarto lugar, debemos hacer más para apoyar y empoderar a las organizaciones de mujeres y a las defensoras de los derechos humanos, en especial a las que trabajan en primera línea y se enfrentan a la violencia de género cada día.

No podemos abordar la violencia de género en conflictos y crisis sin tratar el patriarcado enconado y las dinámicas de poder basadas en el género. En última instancia, todo se reduce al poder, la opresión y la forma en que se asignan los recursos.

Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la prevención y gestión de conflictos y en los esfuerzos por lograr una paz sostenible. Las defensoras de los derechos humanos han sido fundamentales a la hora de abordar la discriminación y la desigualdad y promover todos los derechos humanos (civiles, políticos, económicos, sociales y culturales) en beneficio de todos.

Tenemos que hacer más, y la trayectoria hasta la fecha no es buena en lo que respecta a los procesos de paz, por ejemplo.

Las mujeres deben ocupar un sitio en la mesa de negociaciones, los tribunales, los consejos de administración, los grupos de trabajo, los parlamentos y en los gobiernos.

Y, una vez más, asistimos a una reducción de la proporción de mujeres en el parlamento.

Distinguidos participantes, queridos amigos y amigas,

La violencia de género en situaciones de conflicto y crisis repercute de generación en generación y perjudica la paz, la seguridad y los derechos humanos durante décadas.

Prevenir y poner fin a estos delitos es un requisito indispensable para conseguir un mundo más pacífico y justo, que debe garantizar que todas las mujeres y niñas puedan vivir libres de abusos, miedo y violencia.

Estos 16 días de activismo deberían convertirse, en realidad, en 365 días de activismo.

Muchas gracias.