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Declaraciones y discursos Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

Alto Comisionado Türk: Necesitamos prestar la máxima atención a Haití

02 de octubre de 2026

Pronunciado por

Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk

En

63º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos

Versión bilingüe (PDF)

[Pronunciado en inglés y francés]

Muchas gracias, señor vicepresidente.

Distinguidos delegados y delegadas,

Mi corazón está con el pueblo de Haití, a menudo atrapado entre la violencia de las bandas y las respuestas excesivas.

A pesar de los relativos avances conseguidos a la hora de contener su actividad en partes de la capital, Puerto Príncipe, las bandas continúan adaptándose y expandiéndose, reapareciendo en nuevas zonas y rearmándose constantemente.

Los recientes ataques en Kenscoff y Gressier, y la creciente presencia de las bandas en el departamento del Sudeste, apuntan a una estrategia que consiste en incautarse de nuevos territorios y de rutas de transporte clave, lo que supone una amenaza para la estabilidad dentro y fuera de Haití, además de ir dejando destrucción a su paso.

Las primeras operaciones puestas en marcha por la Fuerza de Supresión de Pandillas, conforme al mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, representaron un paso largamente esperado hacia una mayor seguridad. Pero esta Fuerza sigue estando muy lejos de contar con el poder necesario. La renovación de su mandato esta semana debe ir seguida de un despliegue completo y acelerado, a la vez que incorporar sólidas salvaguardas de derechos humanos.

Durante el período que abarca el informe, desde el 1 de enero hasta el 11 de septiembre de este año, mi Oficina documentó la muerte o heridas de al menos 5.700 personas por parte de las bandas o durante operaciones efectuadas contra ellas. Las bandas también han secuestrado a más de 230 personas y violado a más de 1.000 mujeres y niñas. Además, es probable que las cifras reales sean mucho más elevadas.

Las operaciones de aplicación de la ley continúan suscitando serias dudas en lo que se refiere al uso innecesario y desproporcionado de la fuerza.

Desde principios de año, más de la mitad de todas las víctimas se produjeron en el contexto de operaciones de seguridad, durante las cuales cientos de personas fueron alcanzadas por balas perdidas y drones explosivos.

El número de ejecuciones sumarias llevadas a cabo por unidades policiales especializadas ha disminuido significativamente, casi a la mitad en comparación con 2025. Sin embargo, muchas personas supuestamente asociadas con las bandas continúan siendo ejecutadas de forma sumaria.

En algunas zonas, los llamados grupos de autodefensa han matado o herido a unas 280 personas en lo que llevamos de año.

Sr. Vicepresidente,

La violencia implacable ha desplazado la atención y los recursos destinados a la protección de derechos básicos.

La extorsión, el saqueo y la destrucción de bienes están paralizando la actividad económica. El peligro constante impide que las personas puedan llegar a las escuelas, hospitales y servicios esenciales.

Más de la mitad de la población de Haití se enfrenta a inseguridad alimentaria aguda, y el cuarenta por ciento carece de acceso a atención médica básica. Cerca de 1,5 millones de personas han sido desplazadas por la fuerza, y muchas más viven con sus pertenencias guardadas permanentemente en maletas.

Entre el 30 y el 50 por ciento de los miembros de las bandas son niños. El año pasado, el reclutamiento y uso de niños por parte de las bandas casi se triplicó.

Para muchos niños en Haití, unirse a una pandilla puede significar la única forma de poder sobrevivir. No obstante, ningún niño debería verse obligado a elegir entre su propia vida y la seguridad de sus vecinos.

Los niños son víctimas de explotación, trata y abusos, a la vez que los mecanismos para prevenir estas acciones y reintegrarlos en la sociedad siguen siendo lamentablemente insuficientes.

Las prisiones están abarrotadas hasta el punto de desbordamiento, y las condiciones son inhumanas y degradantes. En todo Haití, las prisiones están operando, en promedio, a más de tres veces su capacidad oficial. Al menos 125 personas murieron bajo custodia solo este año.

Unas elecciones libres y justas son la única manera legítima de restaurar el orden constitucional. Sin embargo, teniendo en cuenta el escenario que acabo de describir, resulta difícil imaginar que se puedan dar a finales de este año las condiciones necesarias para desarrollar elecciones limpias. No se debe permitir que los responsables de violaciones y abusos graves de derechos humanos participen en la carrera electoral.

Sr. Vicepresidente,

Este caos tiene raíces profundas y entrelazadas, alimentadas por la codicia y la impunidad, tanto dentro de Haití como fuera del país. La única manera de cortar esas raíces es a través de un enfoque integral que vaya más allá de la seguridad.

Primero, en relación con las sanciones.

Un puñado de individuos poderosos están explotando y perpetuando las demandas de la gente y la debilidad de las instituciones estatales para perseguir sus propios intereses.

Estas fuerzas son estratégicas y cuentan con bastante financiación.

Muchos líderes de bandas están sometidos a sanciones internacionales. Esas sanciones también deben aplicarse a todos aquellos que mueven los hilos detrás de las redes criminales y que se benefician de las mismas.

Y deben ir acompañadas de rendición de cuentas sobre el terreno con el fin de reforzar sus efectos reales.

En segundo lugar, en relación con el embargo de armas.

Para salvar vidas y restaurar el orden, debe terminar el flujo ilícito continuo de armas y municiones hacia Haití.

Es esencial que el embargo de armas impuesto por el Consejo de Seguridad sea respetado en su totalidad y aplicado de forma efectiva. Los estados necesitan actuar con urgencia y determinación para reprimir el tráfico de armas y cortar estos flujos en su origen.

Tercero, en relación con la diáspora.

Casi cinco mil millones de dólares estadounidenses ingresaron en Haití el año pasado en forma de remesas, aproximadamente una sexta parte de su PIB. Estas transferencias suponen un salvavidas para la economía del país y su gente.

Sin embargo, vemos cómo se lleva a cabo una represión contra la población haitiana que ha huido al extranjero.

En 2026, más de 220.000 personas, incluyendo cerca de 20.000 niños y niñas, han sido deportadas por la fuerza a Haití desde varios países de la región.

Muchas de estas personas huyeron para salvar sus vidas o las de sus familias. Devolver a estas personas pone sus vidas en peligro una vez más, además de ser una violación del principio de no devolución.

Cuarto, en relación con la protección.

Insto a todos los Estados a apoyar el despliegue rápido y completo de la Fuerza de Supresión de Pandillas, junto con el equipo que necesite y respetando plenamente los derechos humanos.

El Gobierno debe asegurarse de que todas las operaciones de seguridad, ya sean realizadas por actores estatales o privados, estén firmemente basadas en la normativa internacional de derechos humanos.

Mi Oficina ha proporcionado capacitación en derechos humanos a miembros de unidades policiales especializadas y a la Fuerza de Supresión de Pandillas, y estamos listos para una colaboración más amplia.

Las autoridades también deben dar prioridad al fortalecimiento del Estado de derecho y del sistema de justicia, con el objeto de acabar con la impunidad y descongestionar las cárceles.

Garantizar condiciones humanas de detención es fundamental, especialmente a medida que la Fuerza de Supresión de Pandillas amplía sus operaciones.

Quinto, en relación con la rendición de cuentas.

Dos unidades judiciales especializadas, apoyadas por mi Oficina y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, tienen como objetivo ayudar en la investigación de atrocidades masivas, violencia sexual y delitos financieros complejos. Insto a las autoridades a que las pongan en pleno funcionamiento y a todos los Estados a que amplíen su apoyo.

También existe la necesidad de esfuerzos más generalizados para combatir la corrupción, la pobreza y la desigualdad. Este elemento es clave para lograr una estabilidad duradera y esencial para evitar que las pandillas se aprovechen de los niños.

Queda mucho trabajo por hacer y, en todas estas áreas, el Gobierno haitiano necesita de un apoyo internacional real y sostenido.

Sr. Vicepresidente,

Aquellos que se benefician del estado actual de desorden están decididos a ver fracasar a Haití. Buscan desgarrar su tejido social y destruir las perspectivas de un Estado más fuerte.

No podemos permitir que esto suceda.

Necesitamos prestar toda la atención a Haití.

Y nunca debemos perder de vista el hecho de que, en todo el país, las comunidades y las personas están demostrando un coraje, una resiliencia y una dignidad extraordinarios, cada día que pasa. Cada mañana, los niños salen de sus hogares, que no tienen agua corriente, vestidos con uniformes inmaculados y cuidadosamente planchados, para dirigirse a la escuela.

Debemos contribuir a que se acerque la fecha en que la esperanza, no el miedo, les acompañe al atravesar las calles.

Muchas gracias.