Fe, no miedo: Las mujeres que contrarrestan el extremismo violento en África Occidental
02 de septiembre de 2026
"Resulta sorprendente que nos haya llevado tanto tiempo reconocer y pensar en aprovechar la función que desempeñan [las mujeres]. Porque una vez que te das cuenta del poder de esta función, ya no puedes dejar de reconocerlo", dijo Nazila Ghanea, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la libertad de religión o de creencias.
Ghanea estaba haciendo referencia a una conferencia titulada "El papel de las mujeres como guías y líderes espirituales en la prevención del extremismo violento: un intercambio entre pares sobre fe y derechos humanos". Detrás del título formal de la conferencia, que tuvo lugar el pasado mayo en Dakar, Senegal, se esconde un argumento sencillo: que el liderazgo religioso por parte de las mujeres puede ser una de las herramientas menos utilizadas contra el extremismo violento en la región.
La conferencia congregó a líderes religiosos y comunitarios, expertos y expertas en derechos humanos y socios gubernamentales.
"Debido a que las mujeres están en el centro de las dinámicas sociales, su papel en la prevención del extremismo violento tiene una importancia extraordinaria: cuentan con la ventaja de la proximidad y de la legitimidad para hablar con las comunidades", afirmó Fatou Dramé, socióloga y experta en cuestiones de género, procedente de Senegal.
"El ser tanto mujer como autoridad religiosa significa una doble oportunidad que debe ser aprovechada para prevenir este fenómeno", añadió Dramé.
Las mujeres que ocupan los espacios principales en la reunión de Dakar reciben diferentes nombres dependiendo del lugar donde trabajan: las Mourchidates — guías religiosas mujeres en árabe — de Mauritania, formadas, certificadas y desplegadas por el Estado a través del Ministerio de Asuntos Islámicos para contrarrestar de forma directa las narrativas extremistas, y las Badian Gokh — madrinas en barrios en wolof — de Senegal, mediadoras locales de confianza cuyo papel comenzó en la salud materna y comunitaria y que desde entonces se ha extendido a cuestiones relativas a la fe y la cohesión social.
“Son mujeres y mujeres jóvenes formadas en el discurso alternativo al discurso radical y violento: los argumentos que desmontan los argumentos de los radicales,” explicó Aminata Couro Ly, Coordinadora del proyecto de la red Mourchidates en Mauritania.
“Fueron desplegadas en todas las zonas de intervención de Mauritania y allí comenzaron su labor de concienciación dirigida a varios grupos objetivo,” añadió.
Ambas redes existen desde hace años antes de que se celebrara esta conferencia. La red de Mourchidates fue creada en 2021 a resultas de una colaboración entre el Ministerio de Asuntos Islámicos de Mauritania y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), la cual desarrolló el programa de formación junto con la Association of Women Heads of Family, una organización que representa Couro Ly. En 2022, la UNODC informó que la red había contactado con más de 8.000 personas, desde estudiantes hasta antiguos combatientes y sus familias. Es esa infraestructura ya existente sobre la que la conferencia de Dakar —organizada conjuntamente por Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la UNODC— se basó, añadiendo el marco Fe por los Derechos a años de trabajo previo ya en marcha.
Un marco construido desde cero
El marco Fe por los Derechos fue puesto en marcha por Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2017 con el objetivo de fomentar sociedades pacíficas a través de la reflexión y la acción conjunta partiendo de las profundas conexiones entre religiones, creencias y derechos humanos.
Al igual que los textos divinos dependen de interpretaciones humanas, los compromisos de Fe por los Derechos fomentan el pensamiento crítico y el debate sobre la religión o las creencias. Se comprometen específicamente a revisar aquellas interpretaciones religiosas que parecen perpetuar la desigualdad de género y los estereotipos dañinos o incluso consentir la violencia de género.
"Apoyamos esta iniciativa a través del aprendizaje entre pares", señaló Michael Wiener, Coordinador del marco conceptual Fe por los Derechos. También esa es la razón por la que Derechos Humanos de las Naciones Unidas evita cierto lenguaje cuando trabaja directamente con comunidades religiosas.
«Normalmente no usamos el término "formación de formadores", porque "formador" implica una especie de jerarquía. Más bien, lo interpretamos como facilitar un debate,» aclaró Wiener. «Es muy 'no jerárquico', ya que todos tienen algo que aprender y algo que aportar. Es por eso que nuestra metodología se basa en facilitar el papel de los facilitadores.»
Dramé contó que esta conferencia les permitió realmente tener una lectura diferente de lo que significa la complementariedad entre la religión y los derechos humanos.
“Tenía miedo, antes de venir [a la conferencia], de que todo se redujera a intercambios superficiales y muy educados,” indicó Kahina Bahloul, la primera mujer imán en Francia desde 2019. “[En su lugar], conocí a personas absolutamente increíbles, mujeres extraordinarias que tienen un afán, un deseo — yo lo llamaría el fuego y la voluntad de cambiar las cosas.”
Los participantes se reúnen para una foto de grupo en la inauguración de la "Conferencia Regional sobre el Papel de las Mujeres como Guías y Líderes Espirituales en la Prevención del Extremismo Violento" en Dakar, Senegal, mayo de 2026. © OHCHR / Mouhamet Kandji
Pero la admiración a sus pares no fue lo único que las participantes se llevaron consigo de vuelta a casa. Una y otra vez, confluyeron sobre una verdad dolorosa: las mujeres que realizan este trabajo no reciben, en gran parte, ningún reconocimiento.
«Estas mujeres hacen esfuerzos increíbles. Corren riesgos que resultan difíciles de creer, a expensas de sus propias vidas. Y a pesar de eso, no reciben ningún reconocimiento institucional ni oficial. No tienen un carácter oficial como actores sociales», se lamentó Bahloul. "En la actualidad trabajan como voluntarias, y esto es sencillamente inaceptable."
Cuando se le preguntó directamente si Derechos Humanos de las Naciones Unidas considera a las Mourchidates y a las Badian Gokh como defensoras de derechos humanos por derecho propio, Wiener no dudó.
"Sí, su labor real consiste en reforzar la acción local en favor de los derechos humanos," aseguró. "Necesitamos un enfoque de abajo hacia arriba, basado en un conocimiento detallado de la dinámica familiar y comunitaria."
Más que una promesa, un plan de acción
Este Plan no puede quedarse solamente en palabras. Aprobado por los participantes en el último día de la conferencia, el Plan de Acción de Dakar sobre el Papel de la Mujer en la Esfera Religiosa establece claramente que los libros sagrados, en sí mismos, no discriminan a las mujeres, teniendo en cuenta la relación entre el texto y el contexto.
Son por el contrario determinadas interpretaciones del ser humano las que reflejan una instrumentalización de la religión con fines políticos o económicos o la perpetuación de un sistema de dominación patriarcal.
El Plan va más allá, argumentando que la fe también tiene el poder de reparar aquellas acciones incorrectas que se han justificado por su uso.
«Los fundamentos éticos y espirituales de las religiones y creencias pueden ayudar a combatir la polarización y el conflicto, al tiempo que promueven la reconciliación», establece el Plan.
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Existe una necesidad urgente de que los líderes religiosos de todos los credos trabajen de manera conjunta para promover los principios compartidos y universales de la dignidad y la compasión humanas, y para transformarlos en actos de solidaridad.
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Jefe de Derechos Humanos de las Naciones Unidas Volker Türk
El Plan también pone el foco en aquellos cambios que son relevantes y en cuáles son las mejores maneras de avanzar para lograr esos cambios.
El papel, la condición jurídica, la financiación y la protección de las Mourchidates en Mauritania, las Badian Gokh en Senegal, y muchas mujeres religiosas o líderes comunitarias, cobran una importancia fundamental.
El Plan también establece siete objetivos, entre ellos celebrar un comentario interreligioso sobre la posición de las mujeres en las instituciones religiosas, así como traducir el conjunto de herramientas Faith for Rights al árabe y a las lenguas locales.
Su alcance también se extiende más allá de la región de África Occidental, al tener como objetivo "contribuir a la Alianza Global por los Derechos Humanos, la cual reúne a una diversidad de actores llamados a movilizarse, cada uno en su propio ámbito de influencia, para defender, proteger y promover los derechos humanos."
La Alianza Global es la coalición que Derechos Humanos de la Naciones Unidas puso en marcha en Ginebra en 2026 — gobiernos, sociedad civil, ciudades, comunidades religiosas y jóvenes, organizados en torno a un llamado a imaginar, dialogar y actuar, de cara al 80º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 2028.
Faith for Rights representa ahora una de sus aplicaciones en la práctica. Dakar, en otras palabras, no es un evento autónomo, sino un capítulo regional que forma parte de un esfuerzo de proporciones mucho mayores.
Wiener señaló que lo que importa de verdad es el alcance de esta iniciativa global.
«Más de seis mil millones de personas tienen una religión o creencia a la que se declaran como pertenecientes», aseguró.
Esta cifra representa más del 80 por ciento de la población mundial. “También es por eso que nos referimos al concepto más general de ‘actores religiosos’, que también incluye a cualquier persona en una posición de liderazgo informal, especialmente mujeres y jóvenes. Esa es en realidad la puerta de entrada", añadió Wiener.
Algunos participantes se despidieron de Dakar con cierto recelo de que esta inercia no duraría.
"Lo que temo es que este evento se convierta en una reunión más entre muchas que queda solo en un momento, y que no venga seguida de pasos concretos," dijo Bahloul.
Dramé declaró que lo que ella espera de esta red es que se mantenga viva y dinámica.
Esa esperanza tiene precedentes. En otra dimensión diferente del marco conceptual Fe por los Derechos, el impulso ha perdurado anteriormente más allá de una sesión de clausura. Justo en junio pasado, jóvenes participantes de una reunión anterior de aprendizaje entre pares celebrada en Bangkok facilitaron debates de grupos de trabajo en Ginebra y presentaron un evento paralelo del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas directamente — donde los embajadores escucharon antes de que les tocara su turno de intervenir.
"Normalmente, los embajadores leen sus declaraciones al principio y luego escuchan. Con su aprobación previa, cambiamos el orden. Primero escucharon a los jóvenes y luego reaccionaron a las recomendaciones de nuestros centros físicos en El Cairo, Roma, Ginebra y en línea”, dijo Wiener.
Otra semana de aprendizaje entre pares dirigida a actores religiosos juveniles en El Cairo el pasado febrero resultó muy rentable gracias a la organización conjunta del Observatorio Al Azhar para Combatir el Extremismo, la Universidad Británica en Egipto y el Instituto Dominicano de Estudios Orientales.
“Las asociaciones y la creatividad también pueden hacer que las cosas sean posibles,” explicó Wiener.
Pero la creatividad tiene un límite. Volver a reunir a las personas para los siguientes pasos — el comentario interreligioso que reclama el Plan de Acción de Dakar, las traducciones, una red permanente de jóvenes mujeres que tengan un papel como actores religiosos — supone una petición de una escala diferente.
Dakar se tradujo en un plan, no solo en una promesa: siete compromisos, escritos y aprobados. Lo que suceda a partir de ahora con estos compromisos es una cuestión de financiación. La red existe. Los compromisos existen. Lo que se necesita ahora es el dinero para llevarlos a cabo.