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De Malé a Bridgetown: Dando voz a todas las personas en el Consejo de Derechos Humanos

21 de septiembre de 2026

Participantes de pequeños Estados insulares en desarrollo y Estados menos adelantados se reúnen en Bridgetown, Barbados, compartiendo experiencias y dando más valor a su voz colectiva en el Consejo de Derechos Humanos.
© OHCHR

Para Galivaka T. Niko, una funcionaria gubernamental de Tuvalu, participar en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, significó cruzar dos océanos y 11 zonas horarias. Pero llegar a Ginebra supuso solo el comienzo.

Muchos representantes de pequeños Estados distantes no cuentan con una delegación de gran tamaño y, en su caso, Tuvalu no tenía ninguna otra representación en Ginebra con la que compartir su carga de trabajo cuando ella asistió al período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos. Los delegados y delegadas deben seguir los debates, redactar declaraciones, hacer un seguimiento de las negociaciones y mantener informados a los funcionarios en casa.

Esta experiencia le proporcionó a Niko herramientas para poder usar en Tuvalu. Ella ayudó a desarrollar un proceso gubernamental para gestionar reclamaciones públicas en ausencia de una Oficina del Defensor del Pueblo.

“El programa también consolidó mi capacidad para abogar por sistemas que protejan los derechos de los ciudadanos y fomenten la confianza entre el gobierno y las comunidades,” dijo ella.

La experiencia de Niko refleja las dificultades más amplias a las que se enfrentan los pequeños Estados insulares en desarrollo y los Estados con recursos limitados. Los costes elevados, las largas distancias y el personal limitado dificultan una participación sostenida, especialmente para aquellos Estados que no cuentan con una misión permanente en Ginebra. Sin embargo, el Consejo debate cuestiones que afectan directamente a los ciudadanos y ciudadanas de dichos países, incluyendo el cambio climático, la migración, el desarrollo, la paz y la seguridad.

El Fondo Fiduciario de Contribuciones Voluntarias de Asistencia Técnica para Países Menos Adelantados y Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PMA/PEID) fue creado para reducir esa brecha. A través de becas y formación práctica, este fondo ayuda a los funcionarios y funcionarias a participar en el Consejo y a trasladar los conocimientos adquiridos a casa.

En los últimos dos años y siguiendo la resolución 49/32 del Consejo de Derechos Humanos, la secretaría del Fondo Fiduciario organizó talleres regionales en África, Asia, el Caribe y el Pacífico para preparar el décimo quinto aniversario del Fondo Fiduciario en 2027.

La resolución también solicitó un informe de evaluación por parte del ACNUDH basado en los resultados que mostraran estos países, con el objetivo de evaluar las actividades del Fondo Fiduciario destinadas a aumentar la participación de los países menos desarrollados y los pequeños Estados insulares en desarrollo en la labor del Consejo de Derechos Humanos, y con el fin de ser presentado en el 64º período de sesiones del Consejo en 2027.

La serie de consultas regionales concluyó en junio de 2026 en Bridgetown, Barbados, donde antiguos beneficiarios del Fondo se reunieron para celebrar el cuarto taller regional. Reuniones anteriores celebradas en Malé, Maldivas; Cotonú, Benín; y Pohnpei, Estados Federados de Micronesia, también evaluaron el apoyo y el futuro del Fondo.

Los participantes describieron resultados tangibles tras regresar a casa.

"A través de esta participación, he podido apoyar procesos nacionales de presentación de informes y de colaboración", aseguró Zizi Aiyana Pitcairn, de Santa Lucía.

Ella señaló que esta experiencia ayudó a garantizar que la posición del país reflejara las normas globales de derechos humanos así como prioridades nacionales.

A pesar de las diferentes realidades regionales, las dificultades eran sorprendentemente similares: delegaciones de tamaño pequeño, presupuestos y personal limitados, distancias muy largas, acceso digital desigual y, para algunos Estados, la falta de una misión permanente en Ginebra. Los participantes subrayaron que para que exista una participación significativa se necesita de multilingüismo y de un apoyo continuo, no una formación puntual.

Las prioridades variaban según la región. Los participantes asiáticos solicitaron mejores módulos en línea, cursos de iniciación y programas de capacitación de formadores. Los participantes africanos se centraron en el multilingüismo, la accesibilidad y la participación híbrida. Los representantes del Pacífico destacaron la justicia climática, la migración, los derechos culturales, la igualdad de género y los efectos de los ensayos nucleares, mientras que los participantes del Caribe destacaron la limitación de los recursos, el cambio climático y los desastres naturales.

Esa visión diferente según la región se basó en la experiencia de los delegados y delegadas.

“El Programa me ayudó a comprender mejor la importancia y el funcionamiento del Consejo de Derechos Humanos en detalle y me animó a participar y contribuir en diversos temas relacionados con los derechos humanos,” explicó Kiran Shakya, de Nepal.

En las cuatro regiones, se puso de relieve una misma una conclusión: la formación práctica crea un efecto multiplicador.

"Al haber participado en la beca de LDCs-SIDS, pude formar a otros miembros del grupo de trabajo de presentación de informes ante órganos de tratados en mi país," declaró Frank Damas Mutagoma, de Ruanda.

Él aseveró que el equipo pudo entonces cumplir con las obligaciones de su país de presentación de informes y emprender acciones acordes a las recomendaciones.

Roxie McLeish Hutchinson, de Granada, dijo que la capacitación "fomentó el desarrollo de capacidades a nivel interno", ya que los participantes compartieron lo que habían aprendido con sus colegas, lo que creó un efecto multiplicador en toda su organización.

Otros participantes declararon que habían redactado declaraciones nacionales, apoyado el Examen Periódico Universal y presentado informes a órganos de tratados, asesorado a gobiernos sobre visitas de Relatores Especiales, mejorado la coordinación interministerial y asumido funciones de mayor responsabilidad en el campo de los derechos humanos.

Aretaake Ientaake, de Kiribati, explicó que el conocimiento adquirido a través del programa contribuyó a eliminar un retraso en la presentación de informes por el Estado, mientras que Carlos Atonal Clarke, de Belice, aseguró que el programa le ofreció "la habilidad y la confianza" para ayudar a finalizar el primer Documento Básico Común de su país.

Todos estos relatos demuestran que los beneficios van más allá de los delegados individuales, ayudando a fortalecer las instituciones, la labor de presentación de informes y la colaboración con futuros colegas.

Las recomendaciones tuvieron también un carácter muy práctico: mejorar la comunicación entre Ginebra, Nueva York y las capitales; apoyar a los Estados que no cuentan con misiones permanentes; profundizar el aprendizaje digital y las redes entre pares; restaurar la participación híbrida; fortalecer las asociaciones con organizaciones regionales; y ampliar el apoyo de los donantes.

La Declaración de Bridgetown, junto con los resultados ofrecidos por Malé, Cotonú y Pohnpei, servirán como base para la elaboración del informe del ACNUDH solicitado conforme a la resolución 49/32. El informe se presentará ante el Consejo durante su 64ºperíodo de sesiones en marzo de 2027.

Para Niko, su participación se tradujo en llevar los conocimientos adquiridos desde Ginebra hasta su casa, a Tuvalu, y usarlos para ayudar a que las personas fueran escuchadas.