Pequeñas alas para la esperanza y la bondad: nuestra alianza con un museo para niñas y niños en México
18 de septiembre de 2026
“Resulta que en Medio Oriente también hay mariposas monarca, y eso yo no lo sabía. Cuando los niños vieron a las mariposas, fue una conexión muy hermosa y muy movilizadora: ‘qué tal que no es tan diferente el lugar donde yo vivía y México’”, recordó Anabel López, psicóloga y coordinadora de Salud Mental y Acompañamiento Psicosocial del Programa Casa Refugiados, una organización de la sociedad civil con sede en la Ciudad de México.
López acompañaba a una familia de Medio Oriente durante su visita a “Pequeñas alas, gran impacto”, una experiencia artística y participativa en el Papalote Museo del Niño, en la Ciudad de México. Para esas niñas y niños, que habían dejado atrás su país, descubrir que las mismas mariposas volaban en su tierra y en la que ahora los recibía fue más que una curiosidad: fue una primera forma de reconocerse en este nuevo país.
“Pequeñas alas, gran impacto” nació de una metáfora: cuando las mariposas monarca migran, lo hacen para sobrevivir y prosperar, y en su camino polinizan, enriquecen los ecosistemas y se agrupan para darse calor y protección. Cuando las personas migran, también aportan perspectivas, culturas y conocimientos que enriquecen sus nuevos hogares. Por sí solo, un acto de bondad puede parecer pequeño, pero muchos actos de bondad juntos pueden transformar la experiencia de la migración y las comunidades que compartimos.
Con esa idea, un equipo de creativas y creativos, entre ellos la artista venezolana Camila de la Fuente, dio forma a una instalación participativa impulsada por ONU Derechos Humanos en México, con el apoyo del Papalote Museo del Niño y en colaboración con otros aliados, en el marco de la iniciativa de ONU Derechos Humanos #StandUp4Migrants.
La artista Camila de la Fuente ensarta las mariposas de origami hechas por las niñas y los niños durante el montaje de “Pequeñas alas, gran impacto” en el Papalote Museo del Niño, en la Ciudad de México. © ACNUDH / Christina MacGillivray
Más de 3,000 niñas y niños —mexicanos y provenientes de albergues para personas refugiadas y migrantes de la Ciudad de México— crearon las mariposas de origami a lo largo de meses de talleres, que formaron la instalación inicial. De noviembre de 2025 a febrero de 2026, 65,000 personas recorrieron el santuario y sumaron más de 15,000 mensajes de bondad al espacio.
Juntas, las mariposas —cada una con la huella de la niña o el niño que la dobló— transformaron el santuario en una expresión colectiva de empatía, pertenencia y humanidad compartida.
El corazón de la exposición: muros y columnas de mariposas de origami rodean a quienes la visitan por todos lados, recreando la densidad de un santuario de la monarca, donde las mariposas se agrupan para darse calor y protección. © ACNUDH/Prometeo Lucero
El Proyecto llegó en un momento en el que las narrativas hostiles y de odio contra las personas migrantes se multiplicaban en la región y en el mundo, y propuso lo contrario: que los pequeños actos de bondad, como el aleteo de una mariposa, pueden transformar la historia.
Aline Cajiga Sánchez dirige la sede de Chapultepec del Papalote —del náhuatl “papálotl”, mariposa—, un museo que recibe alrededor de 1,500 personas al día y cuyo lema es tocar, jugar y aprender. Lleva más de 24 años trabajando en museos y, aun así, algo de esta exposición la sorprendió: para muchos de sus visitantes más pequeños fue la primera puerta hacia un tema del que nadie les había hablado.
Fragmentos de los mensajes escritos a mano por las niñas y los niños asoman entre las alas de las mariposas de origami suspendidas por toda la exposición: miles de palabras de bondad, dobladas y hechas vuelo. © ACNUDH/Christina MacGillivray
“Muchos niños decían: ‘es la primera vez que escucho de este tema’”, dijo Cajiga. “En sus escuelas quizás no les tocaba convivir con niños migrantes, o en sus familias no se hablaba de migración. Y aquí [en el Museo] entendían, en su propio lenguaje, en su propia imaginación, que puede haber personas de otros países que pueden ser sus amigos; que muchas veces migras por diferentes razones. Que las personas no vienen más que a sumar a tu país y a darle una mayor riqueza”.
A través de sus mariposas, las niñas y los niños expresaron mensajes de amistad, bienvenida y empatía hacia el otro.
Messages with wings
Palmas cubiertas de pintura, listas para estampar: dos niñas juegan durante un taller de mariposas, donde las niñas y los niños plasmaban sus huellas en el papel que se convertiría en sus monarcas. © ACNUDH/Prometeo Lucero
Un niño dobla con cuidado su mensaje pintado para convertirlo en una mariposa de origami durante uno de los talleres de “Pequeñas alas, gran impacto”. © ACNUDH/Prometeo Lucero
Niñas y niños pintan y doblan sus mariposas durante un taller de “Pequeñas alas, gran impacto”, bajo un mural de la niña viajera del proyecto y un pizarrón con una lista de “actos de bondad”. © Valeria Romero / Yessenia Cervantes
“Bienvenido a México. Te recibimos también en nuestro ♡”, dice el mensaje de una niña o un niño enmarcado por huellas de manos naranjas. © Valeria Romero / Yessenia Cervantes
“Todas las personas merecen un trato digno, humano e igualitario, sin importar de dónde vengan”, escribió esta niña en su mariposa, con los dedos aún manchados de pintura. © ACNUDH/Prometeo Lucero
“En busca de algo mejor… Para los que salimos con el equipaje cargado de esperanzas e ilusiones”, dice el mensaje de una niña o un niño junto a una mariposa monarca pintada. © Valeria Romero / Yessenia Cervantes
“Un acto de amor de verdad descongela el corazón”, dice uno de los miles de mensajes escritos por y para las personas migrantes antes de doblarlos y convertirlos en mariposas. © Valeria Romero / Yessenia Cervantes
“La bondad es la fragancia de los grandes corazones”, escribió una niña o un niño, junto a un dibujo de una niña que recoge flores entre mariposas. © Valeria Romero / Yessenia Cervantes
“Es importante ser amable con una o muchas personas, porque no sabemos si están pasando por una situación difícil”, dice el mensaje de una niña o un niño, con la “o” de “importante” dibujada como un pequeño corazón. © ACNUDH/Prometeo Lucero
“Todos somos parte de una migración”, dijo Cajiga, que ha visto a su ciudad diversificarse a lo largo de cinco décadas.
“Los niños lo pueden identificar con un animal que es libre”, explicó Cajiga. “La mariposa vuela y está escogiendo dónde estar, por algunos meses o por algunas circunstancias. No todo el mundo migra con esa libertad —hay diferentes razones—, pero ella llega y se siente segura en ese ambiente. Entonces nosotros le tenemos que dar esa seguridad cuando llega: para sentirse bien, reforzarse y poder regresar o ir a otro espacio”.
Pero para que ese vuelo sea posible, hace falta algo más que las alas. Hace falta el bosque.
José Luis Loera, del equipo de Educación para la Paz de Programa Casa Refugiados, lo planteó como una pregunta: ¿cuáles son las condiciones que permiten o impiden que las mariposas hagan su viaje?
“Tiene que haber una comunidad que está cuidando los bosques, enfrentando desafíos con los talamontes”, dijo. “Cada acción de las personas que cuidan ese bosque es lo que va a permitir que las mariposas puedan viajar, llegar y reproducirse”.
Las personas que migran también necesitan un bosque: una sociedad que las reciba con dignidad y seguridad. Y ese bosque, en la experiencia de Casa Refugiados, existe. En un parque de la Ciudad de México, la organización mantiene un centro comunitario alrededor de un pequeño bosque donde se reúne un grupo de mujeres que llegaron a México como migrantes y refugiadas. Se llaman las Mujeres Monarcas.
Gestos que cambian caminos
Los actos de bondad que celebra la exposición no son una abstracción para Casa Refugiados: son su trabajo diario. Loera recuerda a un niño que llegó a México como refugiado desde Colombia y frecuentaba el centro comunitario. Un día, una persona voluntaria le hizo una pregunta sencilla: “Bueno, y ¿qué quieren que hagamos?”.
Loera dijo que esa pregunta hizo que el niño se sintiera escuchado y capaz de aportar. “Años después lo refiere como algo que tuvo un gran impacto en su vida”. Hoy, aquel niño es un joven activista, plenamente integrado en México.
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Esos actos bondadosos se encarnan y marcan vidas.
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José Luis Loera, integrante del equipo de Educación para la Paz de Casa Refugiados
También desarman prejuicios. Mientras algunas personas juzgan a las personas migrantes a partir de experiencias negativas aisladas, otras construyen amistades con sus vecinas y vecinos migrantes. “Eso pasa en los espacios donde se generan encuentros”, dijo Loera.
Lo contrario también deja una huella duradera. López recordó a niñas y niños de comunidades migrantes que le contaban que se sentían inseguros por la discriminación y las violencias verbales. “Era muy natural que dijeran: ‘yo no quiero estar aquí’”.
La bondad como antídoto del odio
“¿Recuerdas alguna ocasión en que alguien fue amable contigo? ¿Cómo te sentiste?”, pregunta un mural dentro de la exposición, donde un niño carga un hatillo de monarcas al hombro. © ACNUDH/Prometeo Lucero
Para López, lo que el odio rompe, la bondad lo repara, y no es solo una idea esperanzadora, sino algo que observa desde la psicología.
“La bondad, la generosidad y la solidaridad son un antídoto muy generoso, no solamente contra el odio, sino también para contrarrestar los efectos del trauma”, dijo. “cuando ocurre un desastre natural hay más posibilidad de recuperación, porque no hay a quién responsabilizar. La violencia, la discriminación, el odio son ejercidos por otro ser humano, y eso lastima más”.
La bondad, dice, devuelve la evidencia de que las personas son capaces de solidaridad y ayuda a reparar parte del daño que causa el discurso de odio.
Ese es el pensamiento detrás del trabajo de ONU Derechos Humanos sobre narrativas de la migración.
“Necesitamos historias que nos muestren que los valores que compartimos son más fuertes que las etiquetas que buscan dividirnos”, dijo Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. “Historias que ofrezcan una visión positive de nuestro future común”.
El discurso de odio y las narrativas dañinas contra las personas migrantes les dicen a quienes están en movimiento que no pertenecen. Las deshumanizan y, sin respuesta, pueden alimentar la violencia y moldear políticas que socavan los derechos humanos. Frente a ello, la iniciativa #StandUp4Migrants de ONU Derechos Humanos —en cuyo marco se creó “Pequeñas alas, gran impacto”— llama a todas las personas a desafiar esas narrativas a través de oportunidades de encuentro e historias de esperanza, bondad, pertenencia y humanidad compartida.
Es parte de un esfuerzo más amplio. En 2026, ONU Derechos Humanos lanzó TERRÍCOLAS UNIDOS, una campaña con el artista británico Jamie Hewlett construida en torno a la misma convicción que recorre las mariposas de las niñas y los niños: cada ser humano en este planeta pertenece aquí.
“Todos pertenecemos al planeta que habitamos, independientemente del bosque donde nacemos o nos toca movernos”, dijo López. Al final no somos tan diferentes como seres humanos, tenemos esta capacidad de recibirnos, de acogernos, de acompañarnos, de protegernos”.
Las mariposas viajaron mucho más allá del museo: aparecieron en todo el sistema del metro de la Ciudad de México —una red que usan 3.6 millones de personas al día—, en medios nacionales, en las redes de personas influyentes y en los canales globales de ONU Derechos Humanos.
Cultivar y multiplicar
Loera advirtió contra mirar la migración sin matices: a veces se criminaliza, dice, pero también puede idealizarse. Y, sin embargo, incluso en tiempos difíciles, la bondad persiste, añadió.
“Aunque hay discursos de odio, sigue habiendo personas y comunidades que se resisten y siguen apostando por actos basados en el reconocimiento mutuo de la dignidad humana”, dijo. “Esos actos de resistencia hoy día son actos de bondad, actos de vida y actos de resiliencia”.
Small wings, big impact
La entrada a “Pequeñas alas, gran impacto”: quienes visitan la exposición atraviesan un túnel circular para entrar, entre murales en el naranja de la monarca. © ACNUDH/Prometeo Lucero
La niña viajera de Camdelafu —hatillo al hombro, una mariposa en el horizonte— da la bienvenida a quienes visitan la exposición. © ACNUDH/Prometeo Lucero
“¿Qué podrías hacer tú para que una persona migrante se sienta bienvenida?”, pregunta la exposición, mientras las familias recorren el espacio entre las mariposas y la madre y el hijo ilustrados de Camdelafu caminan junto a ellas. © ACNUDH/Prometeo Lucero
Claudia Contla (izquierda), directora creativa y diseñadora de experiencia de “Pequeñas alas, gran impacto”; Aline Cajiga Sánchez (centro), directora de la sede Chapultepec del Papalote, y la artista Camila de la Fuente, Camdelafu (derecha), dentro del santuario de mariposas. © ACNUDH/Prometeo Lucero
La ventana de la exposición hacia la ciudad: la niña viajera estira la mano hacia una mariposa junto al título del proyecto y el logotipo de la ONU Derechos Humanos, a la entrada del Papalote, en la Ciudad de México. © ACNUDH / Christina MacGillivray
En el Papalote, la instalación creció a lo largo de dos meses hasta reunir miles y miles de mariposas en el santuario. López recuerda el momento en que las niñas y los niños que las hicieron regresaron para la inauguración y las vieron montadas, juntas, por primera vez.
“‘Soy parte de algo bello’: un santuario que preserva a seres que on valiosos, con historias que importan. No son números en un reporte: son vidas”, añadió.
Cajiga, por su parte, no aspira a transformar a cada persona que visita la exposición. Se conforma con menos.
“Me encantaría pensar que llevaron este tema más allá de este espacio: ‘Oye mamá, ¿te acuerdas de la mariposa que hice y ese mensaje que puse?’. Con que cinco o diez se hayan llevado eso, estoy del otro lado. Hay que multiplicar”.
Multiplicar es, quizás, la idea que queda. Una mariposa sola es hermosa; muchas juntas transforman el bosque al que llegan. Un acto de bondad repara la experiencia de una persona; muchos juntos construyen un santuario donde todas y todos pueden florecer.
“Necesitamos un pensamiento mucho más comunitario, porque la comunidad es lo que nos va a salvar”, dijo Cajiga. “Sumando es la única manera en que vamos a tener un gran impacto”.
La niña viajera camina bajo un arco de monarcas en uno de los murales de la exposición, junto a las cortinas de mariposas de origami hechas por las niñas y los niños. © ACNUDH/Prometeo Lucero
Este proyecto se desarrolló con el apoyo y la colaboración del Papalote Museo del Niño, Camdelafu, Casa Refugiados, Sin Fronteras, Telokwento, Comex, Centro Cultural de España en México, la Organización Internacional para las Migraciones y la Fundación Flor de la Paz IAP.