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Cómo los problemas de salud mental socavan los derechos de los jóvenes

09 de octubre de 2026

Un hombre con un suéter verde apoya su mano en el hombro de un joven con rastas, sentado en un círculo de sillas durante una sesión de grupo.
© Getty Images

Ansiedad, agotamiento, depresión, soledad, preocupaciones en aumento sobre el futuro, abuso de sustancias, autolesiones e incluso ideas sobre suicidio: estos son algunos de los problemas en aumento relativos a la salud mental que miles de jóvenes consultados por Derechos Humanos de las Naciones Unidas en todas las regiones del mundo han expresado que padecen a la vez que atraviesan un período de transición en sus vidas jóvenes.

Un nuevo y novedoso informe de Derechos Humanos de las Naciones Unidas fue presentado ante el Consejo de Derechos Humanos sobre cómo los problemas en materia de salud mental afectan a los derechos humanos de los jóvenes. El informe se basa en 277 comunicaciones remitidas por Estados, instituciones y la sociedad civil, incluyendo aportaciones de alrededor de 4.000 jóvenes.

Los jóvenes consultados provenían de entornos urbanos y rurales y representaban diversos sectores educativos y laborales. Incluían, entre otros, a jóvenes afectados por la pobreza, conflictos, crisis humanitarias, jóvenes en proceso de desplazamiento, jóvenes indígenas, jóvenes LGBTIQ+, jóvenes con discapacidades; jóvenes en situación de calle y jóvenes detenidos en el sistema judicial, entre muchas otras categorías. Los jóvenes consultados también tenían experiencia en el uso de los servicios de salud mental de sus respectivos países.

«Los jóvenes de hoy han de lidiar con importantes cambios sociales, económicos, políticos, culturales y medioambientales. Han de enfrentarse con conflictos armados, inseguridad, presiones económicas, los efectos persistentes de la pandemia de COVID-19, múltiples crisis planetarias, una pérdida de conexión social y un entorno digital en rápida evolución», explicó Imma Guerras-Delgado, jefa de la Unidad de Derechos del Niño y de la Juventud de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. "Estos desafíos interrelacionados están contribuyendo a un aumento del estrés, la incertidumbre y la exclusión, con repercusiones considerables para su salud mental."

Los jóvenes constituyen aproximadamente el 32 por ciento (2.600 millones) de la población mundial y están viviendo tiempos de profundos cambios sociales, económicos, políticos y medioambientales. Tal como se indica en el informe, estos cambios están transformando la forma en que los jóvenes aprenden, trabajan y se conectan, al tiempo que exponen a muchos de ellos y ellas a un aumento del estrés, la incertidumbre y la exclusión social, con considerables repercusiones para la salud mental.

A medida que avanzan hacia alcanzar una mayor autonomía, independencia y nuevas etapas de su vida, deben tomar decisiones que podrían tener consecuencias para el resto de sus vidas. Y además los problemas en materia de salud mental, cuando no se los atiende debidamente, pueden poner en peligro esa transición y socavar una amplia gama de derechos humanos, no solo el derecho a la salud, según afirma el informe.

"Estos problemas no surgen de forma aislada. Vienen influidos por determinantes estructurales y sociales más amplios, incluyendo la pobreza, el desempleo y el subempleo, la ausencia de un nivel de vida adecuado, incluyendo la inseguridad alimentaria y de vivienda, la discriminación, la desigualdad de género, la violencia, entornos educativos inseguros y sometidos a presión, conflictos, desplazamiento, además de los daños digitales,” declaró Guerras-Delgado. "Estos factores sistémicos pueden perjudicar el disfrute de los derechos humanos, minar el bienestar y crear barreras para la inclusión y el apoyo."

El informe también señala preocupaciones específicas: prácticas de tratamientos coercitivos, acuerdos de tutela que despojan de la capacidad legal, criminalización del suicidio (todavía un delito en al menos 23 países) y violaciones de la privacidad mediante el uso indebido de los datos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio es la tercera causa principal de muerte entre los jóvenes a nivel mundial, lo que subraya la urgencia de actuar, ya que no se ha atendido adecuadamente la cuestión de la prevención debido a la falta de sensibilización y al tabú en torno al suicidio en muchas sociedades.

Creando vías inclusivas lideradas por la comunidad

El informe destaca que la salud mental ha sido durante mucho tiempo un asunto desatendido en los sistemas de salud pública. Los servicios siguen estando disponibles y accesibles solo de manera intermitente y son pocas veces de gran calidad en todo el mundo, además de verse limitados por datos deficientes, falta de financiación y una participación limitada.

El estigma, los tabúes y el miedo a la divulgación o a la institucionalización han agravado esta desatención, privando a muchos jóvenes de un apoyo oportuno. Los problemas de salud mental no atendidos en los jóvenes pueden resultar un lastre a la hora de acceder a educación, empleo, conexiones sociales, independencia y servicios, con efectos que duran toda la vida.

Los riesgos se acumulan para las mujeres jóvenes, los jóvenes LGBTIQ+, los jóvenes con discapacidades, los migrantes y los refugiados, los jóvenes indígenas y pertenecientes a las minorías, los jóvenes que permanecen detenidos o que reciben cuidados alternativos, así como para los y las jóvenes defensores de los derechos humanos, grupos en los que la discriminación interseccional aumenta tanto el riesgo para la salud mental como las barreras para recibir apoyo.

El informe señala que un apoyo oportuno, basado en los derechos y centrado en los jóvenes, genera resiliencia, autonomía y la base para un disfrute duradero de los derechos. Además, la labor de promoción liderada por jóvenes ha ayudado a cambiar las prioridades y a desafiar las barreras culturales, legales y políticas que sustentan estas lagunas.  

A young man in glasses and a grey suit holds a microphone while seated among an audience at a conference.

Ras habló en un evento para promover la participación relevante de los jóvenes en los procesos de toma de decisiones relacionadas con la salud mental juvenil durante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, 3 de septiembre de 2026. © Dion Ras/Global Mental Health Action Network/World Health Summit

Dion Ras se encuentra entre los que defienden la salud mental de los jóvenes y la inclusión de los jóvenes en el desarrollo de soluciones. Procedente de Países Bajos, es miembro del Consejo Asesor de la Global Mental Health Action Network (GMHAN), la red de promoción de la salud mental global de mayor tamaño del mundo. En GMHAN, ha abogado por una mayor inversión en iniciativas comunitarias de salud mental. En colaboraciones anteriores con la OMS, él participó en la creación de una estrategia para impulsar la participación juvenil y ayudó a desarrollar estándares internacionales de calidad para la atención de la salud mental juvenil.

"Existen numerosas barreras estructurales, incluyendo, muy a menudo, la falta de financiación sostenida. Normalmente, la participación juvenil es temporal; está vinculada a proyectos específicos y cuando estos proyectos terminan, la participación juvenil también concluye,” dijo Ras. "Muchos Estados Miembros se beneficiarían de una participación sostenida, con una financiación continua, integrando la participación juvenil en políticas que vayan más allá del alcance de proyectos concretos."

Ras, quién tiene ahora 26 años, comenzó a realizar trabajo de apoyo psicológico entre iguales a los 15 años. Esta experiencia le llevó a ofrecerse como voluntario en diferentes organizaciones y a representarlas en varias conferencias, lo que lo acercó al trabajo de defensa como tal. Ras fue uno de los fundadores del consejo nacional de la juventud de "@ease", una organización de apoyo entre iguales con sede en los Países Bajos, donde abogó por estándares de calidad para el trabajo de apoyo entre iguales y el apoyo basado en la comunidad.

Para Ras, el apoyo entre iguales puede convertirse en el único servicio al que los jóvenes pueden acudir ya que no cuenta con los medios económicos necesarios para hablar con un profesional o debido al estigma asociado a buscar la ayuda de un profesional de salud mental, o porque se sienten más cómodos hablando con alguien de su misma edad y con las mismas experiencias compartidas en la vida.

“Cuanto más rápido se van escalonando los servicios, más difícil resulta garantizar la calidad,” aseguró. «Aquellos que brindan apoyo entre iguales pueden verse teniendo que lidiar con casos sumamente especializados que, a pesar de esas barreras, necesitan ser derivados a una atención más especializada. Pero si no existe una vía disponible para esta derivación, nos encontramos ante una situación profundamente inmoral.»

Según Ras, una de las posibles soluciones sería la integración del apoyo entre iguales en los servicios de atención primaria de salud. Él citó ejemplos en Australia, Canadá y Dinamarca, así como en los Países Bajos, donde @ease está intentando integrar sus servicios en los consultorios de médicos de cabecera.

"Y asegurarse de que los profesionales con los que trabajan los voluntarios de apoyo entre iguales estén suficientemente educados sobre el valor de la salud mental basada en la comunidad", añadió.

Barreras sistémicas para acceder a los servicios de atención de salud mental:
  • Los servicios suelen estar centrados en las instituciones y orientados a tratar situaciones de crisis, en lugar de ser preventivos y basados en la comunidad
  • Discontinuidad marcada entre los servicios de salud mental infantil y adulta
  • La salud mental recibe menos del 2 por ciento de los presupuestos de salud a nivel mundial (a veces menos del 0,5 por ciento en entornos de bajos ingresos).
  • Los requisitos de consentimiento parental hacen imposible un acceso confidencial
  • La falta de datos desglosados dificulta el seguimiento de las necesidades o el exigir responsabilidades a los sistemas.
  • Los jóvenes rara vez son incluidos de manera significativa en el diseño de las leyes y políticas destinadas a servirles.

Construyendo desde la base hasta la aplicación a nivel nacional

Ecaterina Bordei-Laiu es una defensora incansable de los jóvenes y voluntaria de la sociedad civil que actualmente cursa sus estudios de derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de Bucarest. Al crecer en una comunidad pequeña, a menudo sentía que tenía que lidiar con las complejidades de la juventud adulta sin contar con ninguna brújula que la guiara.

Buscando conexión y un sentido de pertenencia, su viaje hacia la sociedad civil comenzó en la escuela secundaria con People to People International, organización a la que se unió simplemente con la esperanza de encontrar una comunidad de personas curiosas. Lo que comenzó como una búsqueda personal de un espacio seguro se transformó rápidamente en una misión con un sentido mucho más profundo.

"El voluntariado me salvó porque abrió mi visión a un gran número de perspectivas diferentes. Empecé a ser más abierta de mente desde ese momento,” explicó ella.

A young woman with long brown hair speaks into a microphone at a conference table.

"Un derecho humano que dependa de cual es tu código postal no es un derecho, sino un privilegio que te concede la geografía", afirma Bordei-Laiu. © Ecaterina Bordei-Laiu

A través de su trabajo de voluntariado, Bordei-Laiu comenzó a escuchar atentamente a sus compañeros y compañeras, y lo que descubrió es que sus sentimientos de aislamiento estaban lejos de ser exclusivos de ella sola. Un sinnúmero de jóvenes, especialmente los que viven fuera de los grandes centros urbanos, se sentían igualmente abrumados, ignorados y excluidos de los procesos de toma de decisiones.

Reconociendo que se trataba de un problema sistémico que afectaba el desarrollo de los jóvenes, se dio cuenta de que el acceso a entornos de apoyo no debería depender del código postal de un joven.

"Los jóvenes que viven en zonas rurales se sienten muy desconectados de lo que está sucediendo y de las decisiones que se toman a nivel nacional respecto a su salud mental", señaló Bordei-Laiu, explicando que los jóvenes tenían que pagar para viajar a las ciudades donde podían acceder a cursos de formación o consultas. Esto cambió cuando los actores de la sociedad civil local pudieron contar con un espacio físico compartido.

"En esta era digital, aunque se supone que estamos muy conectados entre nosotros, siento que estamos tan desconectados como siempre de nuestra parte humana," contó ella. "Y cuando un joven tiene el valor de decir lo que siente y afirma que tiene menos oportunidades, o quizás su situación en casa es un poco diferente de lo que debería ser normalmente porque está sufriendo abusos, este espacio seguro, aunque sea solo una habitación, les hace sentirse protegidos y escuchados."

Actualmente, la misión de Bordei-Laiu es cerrar la brecha entre el activismo local y la formulación de políticas. Ella instó a los gobiernos a "dejar de tratar el apoyo entre iguales como un sustituto de la responsabilidad institucional".

"Las ONG juveniles se están encargando del trabajo pesado, pero no pueden reemplazar la atención y cuidado formales. Necesitamos una infraestructura de ayuda psicológica accesible y orientada hacia los jóvenes que los atienda allí donde se encuentren, reconociendo los determinantes sociales y digitales de su malestar”, declaró ella.

Para Bordei-Laiu, la defensa de la juventud nunca se trató solamente de ampliar la participación de los jóvenes, sino de equiparlos con el mapa y la brújula que necesitan para que nunca tengan que navegar por el mundo solos y solas. Su filosofía general: buscar soluciones en primer lugar a nivel comunitario y local, y a partir de ahí ir construyendo hacia arriba, en lugar de centrarse únicamente en un enfoque urbano centralizado.

Lo que quieren los jóvenes

En su informe, reconociendo la urgencia de abordar la salud mental de los jóvenes, Derechos Humanos de las Naciones Unidas enumera una serie de recomendaciones dirigidas a los Estados y otros interesados, comenzando por adoptar un enfoque centrado en los jóvenes y basado en los derechos humanos sobre la salud mental, desarrollado e implementado en colaboración con los propios jóvenes.

Estas recomendaciones incluyen derogar leyes que criminalizan el suicidio, eliminar prácticas coercitivas en favor de una toma de decisiones que reciba apoyo, construir planteamientos integrados interinstitucionales, asegurar la continuidad de la atención a lo largo de las diferentes etapas de la vida, incorporar la participación juvenil de manera estructural (no solo consultiva) y publicar datos transparentes y desglosados para permitir la rendición de cuentas.

Los jóvenes encuestados también hicieron un llamamiento a la acción al destacar la obligación legal y moral de los Estados de actuar, haciéndose eco de la Declaración Juvenil Derechos Humanos 75, que instaba a todas las partes interesadas a respetar y garantizar la integridad mental.

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