Declaraciones y discursos Múltiples mecanismos
El historial de diálogo y diplomacia de Mongolia supone una base sólida para el futuro
“Los derechos humanos como fuente de soluciones para los desafíos nacionales y globales”
10 de mayo de 2026
Pronunciado por
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk,
En
Evento celebrado junto con la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Mongolia
Lugar
Ulan Bator
Queridos amigos y amigas, defensores de los derechos humanos, presidenta y miembros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Mongolia,
Sain bain uu?
Es un placer estar aquí con ustedes hoy, y agradezco a la Comisión Nacional de Derechos Humanos por recibirnos.
Quiero rendir homenaje a la maravillosa hospitalidad y belleza de Mongolia. Las ancestrales tradiciones de la estepa combinadas con las modernas instalaciones de la ciudad hacen de vuestro país un lugar de contrastes únicos. Espero con interés aprender más sobre Mongolia durante los próximos dos días.
Estoy hoy aquí en Ulán Bator para mostrar nuestra solidaridad con el pueblo de Mongolia en tiempos de grandes desafíos globales. Durante décadas, Mongolia ha sido un modelo de diálogo pacífico, sabiendo desenvolverse entre grandes actores geopolíticos de manera hábil y exitosa. Como austríaco, sé algo sobre lo que significa vivir en un país sin salida al mar y rodeado de vecinos poderosos.
La historia de Mongolia es internacional. Vuestra influencia se extiende desde el Pacífico hasta el Atlántico Norte. Y en los tiempos actuales, vuestro país es un gran defensor de la cooperación global y las soluciones multilaterales, promoviendo la paz y fomentando la confianza en toda esta región.
Cuando escuché que el pueblo mongol considera a la comunidad internacional como su "tercer vecino", comprendí enseguida lo que esto significaba.
El pueblo mongol permanece abierto a lo que sucede en el mundo.
Durante décadas, habéis ayudado a generar estabilidad en países devastados por la guerra y situados en lugares lejanos, a través de vuestras contribuciones a las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.
Vuestra condición de zona libre de armas nucleares es un modelo a seguir para otros Estados, en un momento cuando observamos cómo la amenaza nuclear crece cada día.
Asimismo, vuestra organización de la 17ª Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación el próximo agosto refleja vuestro liderazgo en cuestiones medioambientales.
Mongolia también ha reconocido que en el mundo turbulento donde vivimos, los derechos humanos ofrecen soluciones basadas en principios que han resistido la prueba del paso del tiempo.
Habéis firmado y ratificado todos los tratados clave de derechos humanos, y habéis participado con éxito en cuatro rondas del Examen Periódico Universal que lleva a cabo el Consejo de Derechos Humanos.
Mongolia colabora de manera regular y constructiva con los Órganos de Tratados de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y con los Procedimientos Especiales, lo que evidencia vuestro compromiso con los mecanismos internacionales de supervisión y presentación de informes.
Vuestra institución nacional de derechos humanos goza de reconocimiento al nivel internacional más elevado y desempeña un papel oficial de supervisión en lo que respecta a la protección de datos.
Además, tenéis un historial impresionante en el liderazgo de la defensa de los derechos humanos. Mongolia aprobó la primera ley sobre defensores de los derechos humanos en la región y también creó uno de los primeros planes de actuación en materia de empresas y derechos humanos.
Estimados amigos y amigas,
Hoy, Mongolia se enfrenta a desafíos que provienen de varias direcciones. Estáis situados en primera línea de la crisis climática y medioambiental; estáis experimentando un auge en el desarrollo urbanístico, tal como pude comprobar en mi desplazamiento desde el aeropuerto hasta la ciudad; y estás lidiando con las consecuencias económicas de guerras que se libran a miles de kilómetros de distancia.
Este panorama refleja las turbulencias en aumento que padece nuestro planeta, donde se está llevando a cabo una intensa lucha por el poder, el control y los recursos. Hay quienes creen que los intereses de su propio país tienen prioridad, sin darse cuenta de lo profundamente interrelacionado que está nuestro mundo.
Hubo un tiempo en que la diplomacia era la joya de la corona en lo que se refiere a los esfuerzos por resolver disputas y conflictos. Se conseguían evitar las guerras; Esta se consideraba solo como un último recurso, después de que se agotaran todas las demás opciones.
Hoy, tristemente, el uso de la fuerza se ha convertido una vez más en la herramienta elegida para resolver disputas entre países y dentro de ellos. Los conflictos armados prácticamente se han duplicado desde 2010, mientras que los ataques contra civiles y la infraestructura civil han aumentado. Desde Ucrania hasta Sudán y desde el Territorio Palestino Ocupado hasta Myanmar, las partes en conflicto desprecian las leyes de la guerra lanzando ataques contra hospitales, escuelas e infraestructura civil.
He solicitado de forma reiterada medidas para combatir las transferencias de armas, el discurso de odio y la deshumanización; y para llevar a cabo investigaciones y exigir rendición de cuentas por crímenes de guerra. Estos pasos están dictados por el respeto a la normativa internacional de los derechos humanos, y mis empleados en todo el mundo están trabajando para darles apoyo.
También estamos desarrollando medidas de fomento de la confianza basadas en los derechos humanos, que puedan ayudar a generar confianza entre las partes en conflicto como primer paso hacia el diálogo. Quiero elogiar el papel de Mongolia como organizador y canalizador, a través de los Diálogos sobre Seguridad de Ulán Bator.
La perspectiva general es que necesitamos una presencia mucho más constante de los derechos humanos para evitar en primer lugar que los conflictos se desaten. Muchos de estos conflictos tienen sus orígenes en en la discriminación, la desigualdad, la opresión, el racismo y las actitudes neocoloniales. Si conseguimos hacer frente a estas situaciones, haremos del mundo un lugar más seguro.
Pero las tendencias globales actuales apuntan en la dirección contraria. Las desigualdades están empeorando; nuestro recorrido hacia conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible está totalmente desencaminado. Una de cada cuatro personas en todo el mundo padece inseguridad alimentaria, y una de cada tres carece de vivienda adecuada. Se trata de cifras desconcertantes, especialmente en un momento en que se están gastando miles de millones, si no billones, en hacer la guerra. El problema no es el dinero; se trata de prioridades.
Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, y los contraataques de Irán, han empeorado la situación. El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha interrumpido los mercados y suministros energéticos globales, lo que tiene el potencial de crear graves crisis de hambre y sanitarias.
Las Naciones Unidas, junto con muchos países de la región y de otros lugares, están haciendo todo lo posible para poner fin a esta crisis y liberar el tráfico marítimo en el Estrecho lo antes posible.
Pero todos deberíamos aprender, y quizás incluso aprender de nuevo, una lección esencial: todos y todas estamos conectados, y nada puede aislar a ningún país de lo que sucede en el resto del mundo.
Esta es una de las lecciones fundamentales del budismo: que todos somos parte de un todo mayor.
El pueblo mongol es la encarnación viva de esta idea. Vosotros sabéis de sobra que los problemas globales requieren soluciones globales.
Desde la salud hasta la economía, desde el clima hasta las tecnologías emergentes: necesitamos abordar estos desafíos juntos y juntas. Es en este punto donde Mongolia tiene una función importante que desempeñar.
Estimados amigos y amigas,
Los derechos humanos son el pilar de un mundo más pacífico basado en sociedades más fuertes y resilientes.
Distingo tres áreas de acción tanto en Mongolia como en todo el mundo.
Primero, desarrollo sostenible e inclusivo.
El éxito del desarrollo económico no debería basarse en el dinero, sino en políticas que tengan un impacto positivo en la vida de las personas.
La estrategia de desarrollo Visión 2050 de Mongolia, con objetivos e indicadores claros, muestra el camino a seguir. Celebro el reconocimiento que incluye esta iniciativa de que la herencia nómada de Mongolia es un pilar vital para la sostenibilidad, la identidad cultural y el crecimiento económico. Esto es clave para proteger y promocionar los derechos humanos de todo el pueblo mongol.
El desarrollo sostenible también requiere una reforma global para permitir que todos los países accedan a los recursos que necesitan.
Muchos países suscribieron compromisos importantes sobre la financiación para el desarrollo en Sevilla y Doha el año pasado. Pero estas promesas deben venir acompañadas de la voluntad política para reformar el sistema financiero internacional y para incorporar a los países en desarrollo a la mesa de toma de decisiones. También quiero mencionar aquí la idea de una economía de derechos humanos, la cual asegure que las políticas económicas estén impregnadas de obligaciones en materia de derechos humanos.
En segundo lugar, la acción climática.
A menudo me pregunto cómo juzgarán las futuras generaciones las actuaciones de los líderes actuales para atajar la crisis climática. Si seguimos la trayectoria actual, nuestro planeta se calentará al menos 2,3°C antes del año 2100, lo que podría resultar catastrófico para países y regiones enteros, incluida Mongolia.
Las temperaturas en este país están aumentando tres veces más rápido que el promedio global, lo que conlleva efectos evidentes que se traducen en fenómenos metereológicos extremos. Millones de animales han muerto por el intenso frío y heladas en los últimos años, lo que ha agravado la pobreza en las comunidades de pastores.
Las tormentas de polvo y la desertificación están devastando comunidades enteras, mientras que la contaminación del aire por la quema de combustibles fósiles ya es una crisis de salud pública. Mongolia es responsable de menos de una quinta parte de un punto porcentual de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
A pesar de todo esto, las negociaciones climáticas que tuvieron lugar recientemente en Brasil no lograron acordar la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. La Corte Internacional de Justicia ha dejado claro que los países tienen la obligación legal de actuar; pero aún así, los países intentan desviar la atención y dilatar medidas.
¿En un futuro próximo, podría considerarse esta respuesta insuficiente como ecocidio, o incluso como un crimen contra la humanidad?
La acción climática es un imperativo en materia de derechos humanos que requiere tanto de actuaciones a nivel nacional como de compromisos globales conjuntos.
En tercer lugar, la responsabilidad corporativa.
Las empresas desempeñan un papel primordial en el desarrollo de Mongolia. Insto al sector empresarial a vincular de manera estrecha sus prácticas y relaciones comerciales a los derechos humanos.
Este factor será crucial para potenciar un sector minero que respete los derechos laborales y territoriales, prevenga daños ambientales, aborde la contaminación del aire y beneficie al pueblo de Mongolia en lugar de a multimillonarios extranjeros.
Los derechos humanos también son fundamentales para las tecnologías digitales que están transformando las economías en todo el mundo. Sin salvaguardas de derechos humanos, la IA y otras herramientas digitales pueden acentuar la desigualdad y la discriminación, hacer posible la vigilancia y potenciar la desinformación y los contenidos peligrosos. Celebro la labor que viene realizando vuestra Comisión Nacional de Derechos Humanos para proteger los derechos humanos y los datos personales en los servicios de salud digital y los sistemas de protección social.
Existe una idea errónea de larga data de que las empresas y los derechos humanos están de alguna manera enfrentados. Esta idea es incorrecta. Existen innumerables pruebas de que las empresas que respetan los derechos humanos también arrojan mejores resultados económicos.
El prestar atención a los derechos humanos fortalece la confianza de los inversores y las comunidades, atrae a mejores empleados y asienta los cimientos para lograr un éxito empresarial más sostenible. Me sorprende el escaso número de líderes empresariales en todo el mundo que se pronuncian en contra de las preocupantes tendencias actuales. Creo que cuanto más jóvenes sean los CEOs de las empresas, y cuanto mayor sea el número de jóvenes que se incorporan a la fuerza laboral, más posibilidades tendremos de ver cómo los derechos humanos se convierten en un elemento integrador de las prácticas empresariales.
Estimados amigos y amigas,
Esas tendencias mencionadas incluyen lo que yo llamo un manual autoritario, un conjunto de políticas y decisiones que a menudo son adoptadas por gobiernos y movimientos antidemocráticos en todo el mundo.
Los políticos autoritarios suelen comenzar a extender y consolidar su poder usando para ello leyes vagas de seguridad nacional que criminalizan la crítica y la disidencia expresadas de manera pacífica.
A continuación, intentan controlar la información, apropiándose y haciendo uso de algunos medios de comunicación con fines propagandísticos. Es posible que arresten y acosen a defensores de derechos humanos, y que presenten a los grupos de la sociedad civil como enemigos del estado.
Socavan la independencia de las instituciones judiciales o simplemente intentan abolirlas.
Y con frecuencia el objetivo de sus ataques son las mujeres y las minorías, como por ejemplo los migrantes y la comunidad LGBTIQ+. Estos líderes culpan a estos grupos de todos los problemas que afectan a la sociedad.
Este manual se está poniendo en práctica hoy en día en muchos países de todo el mundo. La comida puede ser diferente, la cultura puede ser diferente, pero la represión es la misma. Además, este manual ejerce una influencia poderosa que atraviesa fronteras.
Los países con tradiciones democráticas arraigadas, incluida Mongolia, deben mantenerse unidos y emplear todos los esfuerzos posibles para resistir su influencia.
Las elecciones son importantes. Pero por sí solas, no son suficientes. Las personas y las comunidades han de ser escuchadas y han de contar con una representación relevante. Sus derechos siguen siendo igual de relevantes entre periodos electorales.
Las políticas que promueven la educación, la atención sanitaria y la protección social para todos y todas, tal como se establece en la Visión 2050, representan una vía inmejorable para incorporar los derechos humanos en la toma de decisiones desde su misma aprobación.
Un espacio cívico abierto y una prensa libre fomentan la creatividad y la aparición de nuevas ideas, además de sentar las bases de la economía del conocimiento que Mongolia se esfuerza por construir.
La igualdad de género es esencial para que todas las personas se sientan escuchadas y valoradas, creando vínculos de confianza en todos los sectores de la sociedad.
Aquí en Mongolia, donde las brechas de género repercuten de forma negativa en mujeres, niñas, hombres y niños, las iniciativas en pro de una mayor igualdad podrían conducir a mejores resultados en términos de atención sanitaria, de una mayor diversidad en el liderazgo y de una economía más dinámica, en beneficio de todos y todas.
Elogio la introducción de cuotas para mujeres y hombres en las elecciones parlamentarias de Mongolia.
Construir comunidades fuertes y resilientes significa proteger y valorar las contribuciones de cada persona, incluidas las mujeres y niñas, las personas mayores, las personas con discapacidades, la comunidad LGBTIQ+ y las minorías de todo tipo.
El estado de derecho, junto con instituciones judiciales robustas e independientes, constituye el soporte de sociedades y economías libres, abiertas y democráticas que funcionen para todas las personas.
Mi Oficina continuará trabajando con el gobierno de Mongolia respaldando todos estos objetivos, que abarcan desde una gobernanza centrada en las personas hasta el espacio cívico, así como la protección de los defensores y defensoras de derechos humanos. Somos vuestro aliado más firme, junto con la sociedad mongola en su conjunto, para hacer realidad vuestro empeño por cumplir la promesa de la Visión 2050 para todo el pueblo de Mongol. Nuestras iniciativas conjuntas pueden servir para promover los derechos humanos en toda la región.
Estimados amigos y amigas,
Antes mencioné las tendencias preocupantes que observamos en todo el mundo.
Pero al mismo tiempo, veo un contrapeso a estas tendencias: un movimiento que se está construyendo desde las mismas raíces, fundado en la dignidad, la igualdad y la justicia.
Personas de todo el mundo, incluyendo aquí en Mongolia, se están movilizando contra la corrupción y la negación de sus derechos; contra la violencia y los conflictos; y contra la injusticia y la opresión de todo tipo. Estas personas reclaman paz, derechos humanos, libertad y oportunidades para todos y todas.
Los jóvenes se han situado a la vanguardia de estos movimientos, los cuales consiguen unir a comunidades y activistas logrando superar todo aquello que les divide. El tiempo de las campañas centradas en un solo tema ha llegado a su fin.
Mi Oficina está trabajando junto con muchos de estos movimientos para poner en marcha una nueva iniciativa, una Alianza Global, de gobiernos, sociedad civil, ciudades, el mundo académico, filántropos, el sector privado y otros interesados.
Necesitamos de forma urgente construir puentes y trabajar juntos como un solo equipo unido en pro de los derechos humanos y la dignidad humana.
Mantengámonos unidos y solidarios unos con otros para defender lo que nos une y construir un mundo mejor para todas las personas.