Sanación después del daño: Cómo el género influye sobre las experiencias de tortura y recuperación
26 de junio de 2026
La tortura nunca es neutral. Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha observado cómo el género influye en la forma en que se inflige la tortura, en sobre quienes están más en riesgo y a la hora de saber que es lo que necesitan los supervivientes para poder sanar. Para las mujeres y niñas, a menudo adopta la forma de violencia sexual, represalias y abusos durante la detención. Para las personas LGBTQIA+, los riesgos también están relacionados con la identidad, el estigma y la exclusión. Y para cada superviviente, la recuperación depende de si el apoyo está disponible, si es seguro y si responde al daño sufrido.
Celebrado cada 26 de junio de todos los años, el Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura supone un llamamiento a apoyar a los supervivientes y a reiterar la prohibición absoluta de la tortura en todas las circunstancias. A través del Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura (el Fondo), y en apoyo a los mecanismos contra la tortura de las Naciones Unidas, Derechos Humanos de las Naciones Unidas trabaja para promover la prevención, la rendición de cuentas, la reparación y la rehabilitación.
Las experiencias de tres supervivientes (de Sudán del Sur, Siria y Pakistán) muestran cómo el género influye tanto en la violencia sufrida como en la senda hacia la recuperación.
Cuando el género influye sobre la violencia sufrida
En Sudán del Sur, la historia de Halima Alfred nos enseña cómo es posible que las mujeres tengan que enfrentarse a formas superpuestas de violencia y cómo la recuperación comienza con un apoyo que responda a esas realidades.
"Yo ya sufría muchas tensiones en mi vida debido a una situación en casa muy inestable; el abuso de sustancias por parte de mi esposo había conducido a seis meses de violencia doméstica continua,” explicó Alfred. "Una noche, después de ser expulsada de casa por mi esposo, hui a la granja para recoger comida para mis hijos. Cuando estaba cayendo la noche, fui interceptada por un grupo de hombres armados que vestían uniforme. Me atacaron y me violaron en grupo, amenazando con matarme si gritaba para pedir ayuda.»
Herida y asustada, Alfred pasó la noche escondida antes de que una persona que pasaba caminando la encontrara a la mañana siguiente y la ayudara a llegar a un centro de apoyo y descanso integral. Allí recibió atención médica de emergencia, asesoramiento psicosocial y le ofrecieron un lugar seguro donde quedarse. Regresar a casa no le parecía una opción, ya que temía que su esposo no la creyera y la responsabilizara por haber estado fuera toda la noche.
Su experiencia refleja un patrón más amplio.
“Las mujeres y las niñas soportan la peor parte de la tortura sexual, y el estigma asociado a la violencia sexual es muy profundo”, afirmó Alice Jill Edwards, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.
"No obstante, si se incorporan planes de acción centrados en los supervivientes y que tengan en cuenta la diferencia de género, los supervivientes podrán recuperarse, así como participar y beneficiarse de los procesos de justicia y reconciliación", añadió Edwards.
Halima recibió el apoyo de la Network of Empowered Women Peace Actors in South Sudan (NEWPASS), una organización dirigida por mujeres que trabaja en la consolidación de la paz, la resiliencia comunitaria y brindando apoyo a mujeres y jóvenes vulnerables, además de ser beneficiaria del Fondo.
"Tras hablar con el personal de NEWPASS, sentí mucho alivio", declaró ella. «Empecé a poder dormir de nuevo; encontré la energía para poder seguir adelante.»
Cuando un asesor le preguntó qué deseaba para su futuro, ella comentó la posibilidad de recibir formación profesional. "Solo tres semanas más tarde, ya estaba matriculada en un curso de confección, lo que supuso el comienzo de mi periplo desde la pobreza, de ser una superviviente a convertirme en una sastre que actualmente se gana la vida con ello," contó Halima.
Hoy, Alfred dirige su propio negocio de confección, se ha unido a grupos locales de ahorro y puede pagar los gastos de escolaridad de sus hijos. Actualmente ella anima a otras mujeres de su comunidad a denunciar la violencia sexual relacionada con el conflicto y la violencia de género.
En el futuro, ella confía en poder matricular a sus hijos en escuelas privadas, abrir una tienda que importe y venda Kitenge (una tela de algodón estampada y de muchos colores popular en toda África Oriental), además de convertirse en formadora en corte y confección trabajando de tutora para otras mujeres.
Para las personas que han sobrevivido a la violencia sexual, la recuperación no consiste exclusivamente en la atención inmediata. Consiste también en recuperar la seguridad, la dignidad y la posibilidad de un futuro.
Cuando la identidad influye sobre los riesgos que se corren
François Zankih era solo un niño cuando la guerra llegó a Idlib, en el noroeste de Siria. A los 11 años, él y sus hermanas tenían que valerse por sí mismos en una ciudad sitiada; su padre había sido detenido, torturado y asesinado, su madre herida evacuada a Türkiye, y su hermano mayor, quién fue torturado mientras estuvo detenido, se suicidaría posteriormente.
«Después de que mi hermano fuese liberado tras años de detención, nunca tuvo la oportunidad de reponerse de todo aquello que había padecido. La violencia que había sufrido le siguió a casa», relató Zankih.
Él veía el mismo patrón dondequiera que fuese.
"Yo pude ver cómo la violencia cometida por las autoridades y actores armados a menudo se extendía hasta los hogares y las comunidades, transformándose en violencia doméstica, violencia social y comportamientos autodestructivos. La violencia se convirtió en un ciclo,” aseguró Zankih.
En lugar de dejarse arrastrar por esta espiral, él se decidió a romperla: "Nuestro objetivo no es solo atender las necesidades inmediatas, sino ayudar a las personas a transformar el trauma y el sufrimiento en recuperación, dignidad y esperanza, en vez de transmitir ese dolor a otros."
Su activismo temprano, abogando por el empoderamiento de las mujeres y los derechos humanos, lo convirtió en un objetivo, a resultas de lo cual fue secuestrado y torturado dos veces en razón de sus opiniones. Al darse cuenta de que las personas LGBTQIA+ estaban ausentes por completo de aquellos espacios donde se defendía a grupos vulnerables en Siria, él se propuso llenar ese vacío, fundando el movimiento Guardians of Equality Movement (GEM), un beneficiario del Fondo y la primera organización LGBTQIA+ del país.
Después de que una amenaza de muerte lo obligara a huir de Siria, él transformó GEM desde el extranjero en un equipo que opera en todo el país, incluyendo de forma remota y a través de coordinadores locales, proporcionando apoyo en salud mental, protección y otros servicios por todo el territorio.
"Cuando la violencia se dispara, a menudo ésta se dirige contra quienes son ya los menos protegidos por la ley y la sociedad," señaló. «Las personas LGBTQIA+ se convierten en objetivos fáciles ya que la discriminación contra ellas está a menudo normalizada, justificada o incluso está integrada en los sistemas legales y las normas sociales.»
Cuando las personas carecen de vías para poder sanar, afirmó, el trauma a menudo se redirige hacia los grupos más marginados. Zankih ha observado que la violencia raramente es un hecho aislado, sino que se vuelve cíclica a menos que se hagan esfuerzos deliberados para romper ese ciclo e invertir en la sanación.
Zankih se denomina a sí mismo un "profesional en políticas" en lugar de un activista, cuya actividad se centra en ayudar a las personas ya: apoyo en salud mental, asistencia legal, protección o ayuda de emergencia mucho antes de que llegue un cambio político más amplio. Ese pragmatismo define la respuesta que proporciona GEM. Cuando dos mujeres transgénero fueron atacadas tras la caída del régimen de Assad, GEM enmarcó su respuesta en torno a los derechos humanos y la prohibición absoluta de la tortura, en lugar de centrarse en los derechos de las personas LGBTQIA+, un lenguaje que sabían resultaría mucho más controvertido en Siria.
François Zankih, superviviente sirio de tortura y fundador de Guardians of Equality Movement (GEM), la primera organización LGBTQIA+ del país, habla durante un evento público. © Nick Ghattas Photography
«Denominar los ataques como cuestiones de derechos humanos y tortura nos permite argumentar utilizando el lenguaje de derechos humanos más sencillo y universal que existe», dijo. «Los derechos LGBTQIA+ son derechos humanos. En primer lugar somos personas sirias, antes que queer.»
Ese modelo dirigido por supervivientes, en opinión del Fondo, es parte de lo que consigue que la recuperación funcione.
"Cuando proviene de organizaciones comunitarias y dirigidas por supervivientes, la rehabilitación no solo se vuelve más accesible, sino que también adquiere un mayor significado", aseguró Jens Modvig, presidente de la Junta de Síndicos del Fondo.
Para Zankih, el apoyo del Fondo ha tenido un papel transformador, posibilitando la implantación de programas de carácter psico-social y de salud mental a largo plazo, diseñados en base a los traumas sufridos, y que de otro modo habrían sido difíciles de mantener.
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Lo que vuelve único al Fondo en su género es su enfoque centrado en los supervivientes de tortura.
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François Zankih, un superviviente sirio y fundador de Guardians of Equality Movement
Cuando la detención agrava el peligro
En Pakistán, Nadia* conoce de primera mano la tortura y el maltrato bajo custodia. Ella los tuvo que soportar más de una vez por expresar lo que pensaba y desde entonces dedica su tiempo a apoyar a otras mujeres que han sufrido tras los muros de prisiones.
"Después de padecer maltratos severos estando bajo custodia y tras escuchar interminables relatos de tortura de personas cercanas a mí, además de poder comprobar las consecuencias que la tortura conllevaba para las víctimas y sus familias desde el punto de vista médico y psicológico, decidí dedicar mi tiempo, experiencia y recursos a ayudar a los supervivientes a recuperar sus fuerzas", explicó Nadia.
Los riesgos a los que se enfrentan las mujeres estando bajo detención, afirmó, son sistémicos, y tienen su raíces en la ausencia de un planteamiento que tenga en cuenta la cuestión del género en las instituciones públicas.
Nadia contó que la escasez de personal femenino, especialmente en comisarías y prisiones en zonas rurales donde predomina el dominio masculino sobre la ley, supone una de las principales causas de la vulnerabilidad que padecen las mujeres detenidas, y que además el desconocimiento que existe entre las mujeres sobre sus derechos les resta capacidad para protegerse ante los abusos.
“Las Reglas Mandela y las Reglas de Bangkok proporcionan una orientación autorizada sobre el trato que han de recibir las personas privadas de libertad, e incluyen los riesgos específicos que enfrentan las mujeres”, declaró María Luisa Romero, presidenta del Subcomité de Prevención de la Tortura. "En conjunto, ayudan a los Estados a prevenir la tortura y a defender la dignidad humana."
Las mujeres que permanecen activas políticamente o que defienden los derechos soportan un nivel adicional de riesgo.
“Puede que parezcan figuras con un gran poder, pero ellas también pueden ser acosadas y torturadas de alguna u otra manera," aclaró Nadia, destacando que las mujeres que se enfrentan al poder suelen ser víctimas de acusaciones falsas.
Ella también explicó cómo la presión suele extenderse a las familias.
"Los seres queridos de las mujeres que alzan la voz vienen a ser su mayor vulnerabilidad; en la mayoría de los casos, se las presiona para que se abstengan de criticar a aquellos que ostentan el poder.»
Nadia ha padecido ella misma este tipo de represalias por alzar su voz contra la violencia y la corrupción.
El exigir responsabilidades, aseguró, en muchas ocasiones se queda en nada. Si bien Pakistán ha ratificado la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura, la ausencia de un proceso continuo de supervisión de las salas de investigación y de las prisiones, así como la inexistencia de formación dirigida a autoridades penitenciarias o policiales y jueces, debilita un sistema ya de por sí frágil, añadió Nadia.
Estas preocupaciones se reflejan en el escrutinio internacional. En abril de 2026, el Comité contra la Tortura (CAT), el organismo de expertos independientes que supervisa el cumplimiento de los Estados con la Convención, llevó a cabo una evaluación de la situación en Pakistán e instó al país a proteger a los defensores y defensoras de derechos humanos, activistas y otros críticos de la tortura, el maltrato y las represalias.
"Prevenir la tortura demanda condiciones de detención seguras y con perspectiva de género, así como una supervisión independiente, aunque también protección de las personas que están en riesgo de sufrir abusos por expresar sus opiniones, incluyendo manifestantes y defensores de derechos humanos junto con sus familias, tal como subrayó el Comité en su revisión de abril sobre Pakistán", declaró Peter Vedel Kessing, Miembro del CAT y Relator sobre Pakistán.
Para aquellos supervivientes que aun se encuentran detenidos, el Fondo puede ser un salvavidas. Todos los años, señala Nadia, cientos de supervivientes, incluyendo mujeres detenidas, reciben ayuda para reconstruir sus vidas a través de programas de rehabilitación con respaldo del Fondo, un trabajo que ella considera vital en un sistema penitenciario con escasos recursos y sin la presencia de una política a nivel estatal que ayude a los supervivientes a recuperarse y salir adelante.
"En estas condiciones, los apoyos externos como el que proporciona el Fondo resultan ser una bendición para las mujeres víctimas de abusos mientras se encuentran bajo custodia", indicó Nadia.
La verdadera protección, aseveró Nadia, significa algo más que palabras. En un escenario donde el espacio cívico se reduce cada vez más, ella reclamó leyes que protejan de manera específica a las mujeres contra los abusos y el maltrato, además de esfuerzos constantes destinados a que las mujeres conozcan mejor cuáles son sus derechos.
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La libertad de expresión, asociación y reunión son derechos básicos. Educar a las mujeres acerca de sus derechos, para que puedan reclamar su derecho a protección, privacidad y autonomía, supone una parte vital del empoderamiento de las mujeres.
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Nadia, superviviente de tortura
Rehabilitación como vía de prevención
A través de tres países distintos y de tres formas muy diferentes de daños sufridos, un hilo común conecta a estos supervivientes: la recuperación no es un asunto privado sino un bien público, y, según el Fondo, una forma de prevención por derecho propio.
"Apoyar a los supervivientes, teniendo en cuenta sus necesidades específicas por razón de su género, es esencial para prevenir futuros actos de tortura", aseguró Modvig. "Cuando los individuos consiguen sanar, se vuelven a restituir las familias, las comunidades quedan más fortalecidas y se corrigen desde su raíz los factores de género que alimentan la tortura."
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En el Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura, hemos de recordar que los Estados deben prevenir, investigar y remediar la tortura en todas sus formas, incluidas sus manifestaciones específicas según el género.
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Jens Modvig, Presidente de la Junta de Síndicos del Fondo
Acerca del Fondo de Contribuciones Voluntarias de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura
El Fondo Voluntario de las Naciones Unidas para las Víctimas de la Tortura es un recurso excepcional de las Naciones Unidas que ofrece ayuda directa a las víctimas de tortura y sus familias. Creado en 1981 por la Asamblea General (resolución 36/151) para centrar la atención mundial en las necesidades de las víctimas de tortura, el objetivo del Fondo es ayudar a las víctimas y a sus familias a reconstruir sus vidas y buscar reparación por las violaciones de derechos humanos que han sufrido.
*Se utiliza un seudónimo por motivos de seguridad y protección.