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Mujeres y niñas: Celebradas en el campo, marginadas fuera de él

01 de julio de 2026

Una futbolista salta para golpear el balón en el aire durante un partido, rodeada de  compañeras y rivales en el campo.
© Getty Images / Skynesher

Celine van Till era una chica tímida a la que le decían constantemente que no encajaba.

"A menudo me dejaban de lado porque otros chicos afirmaban ser mucho más fuertes e inteligentes que yo," relató ella. “Nadie excepto mi familia creía en mí, por lo que tuve que luchar para hacerme sitio en el deporte y en la vida.”

Hoy, Van Till es una atleta paralímpica y campeona mundial en ciclismo paralímpico. Sin embargo, ella aprendió pronto que formar parte del equipo no era lo mismo que ser valorada.

"En los deportes individuales, casi nunca nos pagan," afirmó Van Till.

Ella observó cómo las entrenadoras mujeres realizaban el mismo trabajo por un salario desigual, sin recibir un pago igual al de sus homólogos, a pesar de tener responsabilidades similares y de contribuir de una forma parecida.

Van Till participó en una mesa redonda sobre la intensificación de los esfuerzos para empoderar a mujeres y niñas en y a través del deporte durante el 62º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos celebrado en Ginebra, Suiza. El debate se cimentó a partir de la resolución 59/17 del Consejo, aprobada el año pasado, la cual instaba a los Estados a reducir las brechas salariales y aumentar la participación, representación y empoderamiento de las mujeres en y a través del deporte.

Para Mary Harvey, directora ejecutiva del Centre for Sport and Human Rights, la brecha entre la celebración y el valor es la característica que define al deporte femenino.

"La realidad para las mujeres y niñas en el deporte es paradójica", declaró ella. «Mientras celebramos sus increíbles actuaciones en el campo, detrás de las cámaras, persisten dinámicas de poder arraigadas, estereotipos dañinos y una exclusión sistémica.»

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Si queremos que el deporte sirva para empoderar, primero debemos proteger los derechos humanos de quienes lo practican.

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Mary Harvey, directora ejecutiva del Centre for Sport and Human Rights

La economía sirve como ejemplo. El deporte femenino de élite tuvo un valor de al menos 2.350 millones de dólares americanos el año pasado, según Awa Dabo, Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

"No obstante, el acceso a estos beneficios económicos sigue siendo muy desigual, por lo que el empoderamiento económico de las mujeres y las niñas a través del deporte tiene mucho menos peso que el de los hombres", aseguró ella. "No hay nada que justifique esta situación."

Sin igualdad salarial, explicó Harvey, esta situación de desventaja se agrava: las atletas mujeres se ven obligadas a compaginar varios trabajos, lo que les quita el tiempo y la energía necesarios para entrenar.

Para Maryam Bint Abdullah Al-Attiyah, presidenta del Comité Nacional de Derechos Humanos de Qatar, uno de los desafíos más importantes sigue siendo la falta de reconocimiento que merece el deporte femenino, reflejado en las brechas salariales y de oportunidades, la limitación en inversión y patrocinios, así como la representación insuficiente de las mujeres en puestos de liderazgo y de toma de decisiones.

"Debido a que las mujeres solamente presiden una pequeña fracción de las federaciones deportivas internacionales, la mayoría de las decisiones se toman sin contar con ellas", afirmó Harvey. "Por lo tanto, los Estados y las organizaciones deportivas deben poner en práctica iniciativas, leyes y planes de acción nacionales orientados a fomentar la igualdad para garantizar que las mujeres no solo participen en el deporte, sino también en todas las mesas donde se regule la actividad deportiva y se tomen decisiones."

Para Vera Lucia Isaac Paquete-Perdigão, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la respuesta reside en la acción colectiva: la libertad de asociación y la negociación colectiva son las piedras angulares de los derechos laborales de los atletas, señaló, y han demostrado ser especialmente importantes para que las atletas negocien mejores condiciones laborales, como se ha observado en el fútbol femenino.

No hay empoderamiento sin seguridad

El salario y la representación no son suficientes por sí solos, indicó Harvey, nada de eso vale si el mismo campo de juego no es un espacio seguro.

“La igualdad no tiene sentido si no existe seguridad,” aseguró ella. "No podemos hablar de empoderamiento si las mujeres y las niñas son sometidas a discriminación, acoso y abuso tanto en el campo de juego como en el espacio en línea."

La protección, dijo, no consiste solamente en prevenir daños; consiste asimismo en crear las condiciones necesarias para que las niñas puedan comenzar a participar en el deporte de manera segura, seguir practicándolo y obtener grandes resultados.

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La violencia y el acoso por motivos de género han asolado a la esfera de las deportistas.

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Vera Lucia Isaac Paquete-Perdigão, Organización Internacional del Trabajo

Los sistemas diseñados para proteger a las atletas a menudo no cumplen con su cometido, se quejó Harvey. El Centro elaboró su propia guía, la Hoja de Ruta para la Reparación, después de que supervivientes y denunciantes de abuso sexual en el deporte afirmaran repetidamente que los canales destinados a tratar los abusos eran inseguros y no funcionaban correctamente. En su esencia, señaló ella, el Centro sostiene que un deporte sin perjuicios es un derecho fundamental.

Paquete-Perdigão describió los cambios que podría conllevar una nueva orientación internacional. En marzo, la OIT adoptó directrices para la prevención y eliminación de la violencia y el acoso contra atletas profesionales.

«[Estas directrices reclaman] el desarrollo y aplicación de políticas y procedimientos de protección diseñados según los traumas descritos, incluyendo mecanismos de denuncia y la promoción de una tolerancia cero ante la violencia y el acoso contra los atletas en el deporte», explicó ella.

Paquete-Perdigão añadió que las directrices también describen aquellas protecciones a las que las mujeres con demasiada frecuencia se ven obligadas a renunciar, incluyendo una protección adecuada por maternidad y permiso parental, el derecho a regresar a la actividad deportiva tras la conclusión del permiso de maternidad, así como salvaguardas para la salud mental de las atletas que tengan que enfrentarse a la presión de la competición, el escrutinio público, el riesgo de finales abruptos de su carrera profesional, además de la violencia y el acoso.

Harvey planteó el tema de la maternidad desde el punto de vista humano, demandando protecciones dignas como el permiso de maternidad universal, para que las mujeres nunca se vean obligadas a elegir entre la maternidad y sus carreras deportivas.

Para Al-Attiyah, se trata de un deber institucional. Ella pidió entornos deportivos seguros e inclusivos que combatan la discriminación, la violencia y el acoso, y que fortalezcan los mecanismos de protección y rendición de cuentas sumado a mecanismos de apoyo.

Varias chicas participan en un partido de cricket de nivel de base. Crédito: ©Getty Images/Pixel Catchers

“Muchas niñas y mujeres continúan padeciendo violencia, incluida la violencia sexual, la explotación y el acoso, en el contexto de los deportes,” declaró Dabo.

La solución, dijo, es igualmente muy específica: marcos de protección adecuados, que incluyan canales de denuncia independientes y confidenciales, mecanismos de investigación imparciales y remedios efectivos.

Todas las mujeres y las niñas

Para Van Till, la cuestión de quién recibe protección no es algo abstracto. Después de su carrera como jinete, ella sufrió una grave lesión cerebral en un accidente deportivo.

“Estuve en coma durante un mes,” contó ella.

Ahora ella vive con lo que llama una discapacidad invisible: dificultades con el equilibrio y la coordinación, además de haber perdido la mitad de la visión.

«Mi discapacidad hace que cada momento me resulte más difícil y cada movimiento más complicado que para cualquier otra persona», añadió ella. «El deporte paraolímpico demanda grandes esfuerzos por parte de las personas con discapacidades para poder hacerse un hueco en el mundo del deporte. La gente no reconoce los grandes logros que consiguen las personas con discapacidades.»

Ella tuvo que volver a ganarse el reconocimiento por el que había luchado tanto como joven jinete.

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Necesitamos demostrar a nosotros y nosotras mismos nuestra valía todo el tiempo simplemente para ser tratados con igualdad y respeto.

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Celine van Till, atleta paralímpica y campeona mundial de ciclismo paralímpico

Para Van Till, ese reconocimiento llegó tarde y bajo ciertas condiciones.

"Fue solo cuando gané títulos europeos y a nivel mundial, cuando empecé a recibir respeto por parte de otras personas," se lamentó ella. "Pero, por supuesto, este no es el caso para muchos otros atletas con discapacidades."

Celine van Till en los Juegos Paralímpicos de París 2024. Crédito: © Celine van Till 

Van Till dijo que en el deporte paralímpico, ella se siente protegida y respetada y que el objetivo es mostrar a otras chicas, que, a pesar de todos los obstáculos existentes, esto es posible. Para ello, añadió, las mujeres y las niñas necesitan contar con mayor visibilidad en las plataformas para compartir sus historias.

Lo que Van Till vivió, Harvey lo describió como un patrón.

"Cuando hablamos de inclusión, debemos referirnos a todas las mujeres y niñas," indicó Harvey. "Aquellas con discapacidades, aquellas procedentes de comunidades migrantes y de refugiadas, y aquellas que sufren vulnerabilidades que se agravan en la intersección de género, raza y otras circunstancias."

Dabo describió con mayor precisión esas intersecciones. Las niñas y mujeres con discapacidades, declaró, y aquellas pertenecientes a grupos étnicos o raciales específicos.

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Particularmente las niñas y mujeres negras o indígenas, y las mujeres con antecedentes migratorios se enfrentan a formas adicionales, múltiples e interseccionales de discriminación.

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Awa Dabo, Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

El caso de los equipos deportivos femeninos de Afganistán, obligados al exilio, explicó, es especialmente flagrante.

Al-Attiyah señaló que algunas mujeres en determinados contextos han de lidiar con problemas para su participación debido al uso del hijab, dijo, a pesar de que muchas atletas que usan hijab han demostrado que eso no es un obstáculo para la consecución del éxito deportivo. Ella reclamó la existencia de entornos que respeten la diversidad cultural y religiosa.

Dabo lo planteó como autonomía en ambas direcciones: las normas de derechos humanos exigen respetar tanto la libertad de elegir llevar prendas con significado religioso como la libertad de elegir no llevar dicha ropa.

Ella también advirtió que la reimplantación por parte de algunos organismos rectores de pruebas genéticas para determinar el sexo obligatorias para todas las mujeres y niñas en el deporte profesional plantea serias preocupaciones sobre la integridad corporal, el consentimiento informado y la intimidad.

Además, Dabo pidió una vuelta a un enfoque más equilibrado sobre los derechos a participar en el deporte femenino basado en normas de derechos humanos y evidencias revisada por pares, evitando exclusiones generales innecesarias, especialmente de mujeres trans y mujeres intersexuales.

Durante un evento paralelo al Consejo de Derechos Humanos sobre esta cuestión, Dabo ofreció dos historias como prueba de los riesgos que soportan algunas mujeres. Una de ellas fue la de Najlah Imad, quien, según contó, tenía 3 años cuando una bomba colocada bajo el coche de su padre supuso la pérdida de ambas piernas y la mayor parte de su brazo derecho. Ella comenzó a jugar al tenis de mesa a los nueve años y, a los 20, ganó la primera medalla de oro olímpica o paralímpica de Irak.

La otra era su propia abuela, una atleta nacional gambiana y corredora que, según ella, "era valiente y resuelta, en una época en la que estas cualidades no eran tan comunes en una sociedad tradicional", y quién enseñó a su familia a tomar sus propias decisiones sobre sus propias vidas.

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Parte del valor y la belleza del deporte es su capacidad para amplificar nuestros mensajes de derechos humanos de inclusión, igualdad y dignidad.

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Awa Dabo, Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

"Esta es una de las pocas actividades humanas que pueden unir a las personas en todo el mundo. Consigamos que este mensaje sea cierto para todas las personas, incluidas todas las mujeres y todas las niñas”, concluyó Dabo.