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Racismo y deporte: Un trato desigual

08 de octubre de 2026

Una niña somalí de 11 años juega al voleibol con su hermana vistiendo ropa tradicional.
© UNICEF Ethiopia / Mulugeta Ayene

En 2021, Bukayo Saka, Marcus Rashford y Jadon Sancho ayudaron a que Inglaterra alcanzara la final del Campeonato de Europa. Después de la derrota, los tres jugadores de ascendencia africana sufrieron una avalancha de abusos racistas.

Desde entonces, estos incidentes han seguido ocurriendo. Cinco años después, el futbolista francés Kylian Mbappé recibió comentarios racistas y deshumanizantes en línea.

Derechos Humanos de las Naciones Unidas condenó los comentarios tachándolos de “despreciables y, lamentablemente, no aislados”, señalando informes de incidentes racistas ocurridos durante la Copa del Mundo de la FIFA 2026.

Diferentes competiciones, diferentes objetivos. No obstante, ambos incidentes muestran que incluso los atletas más prominentes no están fuera del alcance del racismo y la discriminación.

Dos informes de las Naciones Unidas van más allá de estos incidentes de alto perfil con el fin de analizar las muchas formas en que el racismo influye en la vida de las personas que practican deporte y de quienes confían en practicarlo.

En su informe, el Jefe de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Volker Türk, hizo un llamamiento a plantar cara a las barreras sistémicas que permiten que el racismo siga existiendo en el mundo del deporte. Él destacó que los Estados, los organismos deportivos, la sociedad civil, los medios de comunicación y el sector privado deben trabajar colectivamente para desmantelar las barreras que continúan dificultando el acceso y la participación de los grupos racializados en el deporte.

En su informe, Ashwini K.P., Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, analizó y cuestionó las estructuras que determinan quién puede participar, progresar y convertirse en líder.

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En lugar de ser reconocido como un problema sistémico y estructural, con demasiada frecuencia el racismo en el deporte es tratado como una serie de incidentes aislados.

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Jefe de Derechos Humanos de las Naciones Unidas Volker Türk

Los niños y niñas que nunca podrán llegar a jugar

Antes de que un niño se una a un equipo deportivo, alguien tiene que pagarle el equipamiento, las clases y los desplazamientos al entrenamiento.

Según Ashwini K.P., para las familias pertenecientes a grupos raciales y étnicos marginados, esos costes pueden hacer que deportes tan populares como la natación, el ciclismo o el tenis, estén fuera de su alcance. Sus escuelas y comunidades también pueden carecer de las instalaciones que necesitan. Estas oportunidades perdidas pueden truncar las aspiraciones de llegar al deporte profesional a una edad temprana.

Los niños excluidos del deporte pierden algo más que la oportunidad de competir. Pierden oportunidades para hacer amigos, aumentar la confianza y encontrar un lugar en su comunidad.

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La pobreza y la desigualdad de ingresos, y la forma en que influyen en el acceso al deporte, no son neutrales en lo que se refiere a la raza.

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Ashwini K.P., Relatora Especial sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia

Ashwini K.P. vinculó estos obstáculos a ejemplos de explotación colonial e inversión desigual, incluyendo disparidades entre países en su capacidad para apoyar el deporte.

Excluidos antes incluso de comenzar el partido

Los costes no son el único obstáculo, y los niños y niñas no son los únicos excluidos.

En una consulta regional para América Latina organizada por Derechos Humanos de las Naciones Unidas, los participantes describieron diversas barreras para el acceso a instalaciones deportivas para las comunidades indígenas, incluyendo el aislamiento geográfico, la falta crónica de financiamiento y programas deportivos que pasaban por alto sus culturas. La misma consulta resolvió que los requisitos de residencia y situación legal negaban en la práctica a los migrantes y solicitantes de asilo el acceso a los programas y las instalaciones deportivas públicos.

Cuando las reglas representan una barrera

Años de entrenamiento, e incluso el éxito internacional, no garantizan necesariamente un lugar para un atleta en el deporte cuando el racismo y la discriminación definen las reglas.

Caster Semenya, una corredora negra sudafricana, impugnó las reglas introducidas por World Athletics en 2018 que exigen que las atletas mujeres con ciertas variaciones en sus características sexuales reduzcan artificialmente sus niveles naturales de testosterona para poder competir en eventos femeninos. En 2025, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó que el Tribunal Federal Suizo no había tenido plenamente en cuenta sus derechos humanos al revisar la decisión del Tribunal de Arbitraje Deportivo de mantener las normas de World Athletics.

Su caso no es un caso aislado, y las advertencias no son nuevas. Ya en 2020, la entonces Alta Comisionada para los Derechos Humanos advirtió que tales normativas afectaban de forma desproporcionada a las mujeres atletas procedentes del África subsahariana y Asia Meridional. El informe instó a los Estados a asegurarse de que las leyes contra la discriminación incluyan el género, la raza y las características sexuales, y que sean vinculantes para los organismos deportivos y de gobierno, y exhortó tanto a los Estados como a los organismos deportivos a hacer frente a las representaciones estereotipadas de género y racistas de las mujeres y las atletas jóvenes en los medios de comunicación.

Al año siguiente, tres mandatos de las Naciones Unidas indicaron al Tribunal Europeo de Derechos Humanos que estas normas habían afectado con mayor gravedad a las atletas negras y a las atletas de ascendencia asiática, en su mayoría originarias del Sur Global, y que parecían basarse en la suposición de que la feminidad blanca es la norma en el deporte de élite, calificando a las mujeres que no “encajan” en esa imagen como masculinas.

Alexandra Xanthaki, Relatora Especial de las Naciones Unidas en la esfera de los derechos culturales, cuestionó la evidencia científica que sustenta las normas sobre elegibilidad para competir en la categoría femenina en un informe de 2024, y advirtió sobre su impacto desproporcionado para las mujeres procedentes del África subsahariana y el sur de Asia. Ashwini K.P. observó que las mujeres pertenecientes a grupos raciales y étnicos marginados son demasiado a menudo objeto de ataques porque no se ajustan a los estereotipos culturales occidentales de la feminidad.

Blake Leeper, un corredor de ascendencia africana con amputaciones por debajo de ambas rodillas, impugnó la altura máxima permitida al usar prótesis para correr. En palabras de su equipo, esta fórmula de medición se basaba únicamente en mediciones de atletas hispanos y caucásicos.

Las reglas sobre vestimenta también pueden resultar excluyentes. Una consulta regional para Europa organizada por Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2025 reveló que, en algunos contextos, las mujeres y niñas musulmanas no podían practicar deportes a nivel comunitario, amateur y profesional debido a prohibiciones sobre la vestimenta religiosa o debido a la imposición de determinadas vestimentas , derivadas de decisiones tomadas por algunos gobiernos y federaciones deportivas.

En algunos países, las federaciones nacionales, incluidas las que rigen el fútbol y el baloncesto, prohíben los pañuelos de corte religioso. Una comunicación enviada a Ashwini K.P. describió el tener que hacer deporte sin cubrirse la cabeza como una certeza de que las mujeres se ven obligadas en ocasiones a renunciar a una parte de quienes son.

En su intervención ante el Consejo de Derechos Humanos, Awa Dabo, Alta Comisionada Adjunta de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, destacó que las normas de derechos humanos exigen respetar tanto la libertad de elegir llevar prendas con significado religioso como la libertad de elegir no llevarlas. Ella también advirtió que la reintroducción de pruebas genéticas obligatorias para determinar el sexo por parte de algunos organismos rectores plantea serias dudas sobre la integridad corporal, el consentimiento informado y la intimidad.

Young Haitians practice soccer on a rural field.

Jóvenes haitianos practican fútbol en L'Athlétique d'Haiti, un programa escolar de deportes y tutoría que ofrece apoyo a niños residentes en los barrios marginales de Cité Soleil y Bel Air en Puerto Príncipe, Haití. © UN Photo/Logan Abassi

Admirados por los resultados que consiguen, ignorados en la toma de decisiones y el liderazgo

Conseguir participar en el deporte no significa que las barreras desaparezcan.

Ashwini K.P. describió la “segregación racial por posiciones” como una práctica que consiste en orientar a los atletas racializados hacia posiciones asociadas con la habilidad física o reacciones rápidas, en lugar de con el liderazgo.

Detrás de esa práctica se encuentra un estereotipo que resulta familiar: el que afirma que los atletas racializados aportan fuerza y velocidad al juego, pero no estrategia ni criterio. Las consultas de Derechos Humanos de las Naciones Unidas recibieron respuestas con la misma falsa suposición en otra forma distinta. Los atletas negros eran elogiados por sus habilidades físicas mientras que sus contribuciones intelectuales al juego a menudo eran pasadas por alto.

Ashwini K.P. también señaló la predominancia de hombres blancos en puestos de responsabilidad en el fútbol europeo, junto con estudios que vinculan esta representación insuficiente de otras razas con deficiencias en las respuestas institucionales al racismo.

Algunos atletas pueden gozar de una gran visibilidad en la competición, pero a la vez tener poca voz y voto en las instituciones que deciden su futuro.

Abuso en línea sin límites

En los casos de Saka, Rashford y Sancho, los ataques se propagaron a través de plataformas de redes sociales, las cuales pudieron — y debieron — haber actuado con mucha mayor celeridad. Varios estudios citados por Ashwini K.P. revelaron al menos 80 insultos racistas dirigidos contra Saka y publicados en sus redes sociales. Algunos de estos insultos siguieron estando publicados durante más de un día entero a pesar de haber sido denunciados.

Durante los Juegos Olímpicos de 2024, el trabajo de supervisión realizado por el Comité Olímpico Internacional concluyó que el 15 por ciento del contenido ofensivo detectado en relación con los Juegos era racista, según el informe de Türk.

Insultos sin remedios efectivos

En mayo de 2023, Vinícius Júnior, el delantero brasileño que juega en el Real Madrid, fue una vez más objeto de insultos racistas durante un partido perteneciente a la máxima competición de fútbol de España. Para entonces, estos insultos se habían convertido en un acontecimiento habitual desde que él jugaba en La Liga. En una declaración realizada en Ginebra días después, Türk calificó este incidente como "un claro recordatorio de la prevalencia del racismo en el deporte" y animó a los organizadores de eventos deportivos a que pongan en práctica estrategias para prevenirlo y combatirlo. Vinícius posteriormente se unió a Derechos Humanos de las Naciones Unidas en varias campañas contra la injusticia racial y el racismo en el deporte.

Vinícius Júnior, a Brazilian football player of African descent, sits in a living room, looking at the camera.

Vinícius Júnior, un futbolista brasileño de ascendencia africana, graba un mensaje en video reclamando medidas efectivas para combatir el racismo en el deporte. © OHCHR

Según consultas realizadas por Derechos Humanos de las Naciones Unidas, los insultos siguen a los jugadores fuera del campo, afectando a su salud mental, sus relaciones y sus medios de vida. Denunciar conlleva sus propios riesgos. Algunos y algunas deportistas temen ser excluidos de oportunidades profesionales o padecer represalias. Otros chocan con procedimientos de reclamación que no existen o que resultan costosos, están fragmentados o son difíciles de entender.

Hacer frente a estos obstáculos requiere un cambio sistémico basado en evidencias. Los estados y los organismos deportivos deben recopilar y analizar datos desglosados por raza, origen étnico, género, edad y otros factores relevantes, de acuerdo con las normas de derechos humanos. Los datos deben reflejar las lagunas en cuanto a la representación, hacer un seguimiento de la participación, los incidentes, las quejas, así como dar continuidad a este proceso, con una participación de la comunidad que sea efectiva. Las plataformas de redes sociales deben abordar los insultos racistas y proporcionar vías eficaces para la supervisión y las reparaciones.

Conforme a los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las empresas y los derechos humanos, los organizadores de grandes eventos deportivos tienen una responsabilidad específica de evaluar los riesgos de discriminación antes de elegir las sedes para los eventos y de prevenir prácticas discriminatorias por parte de gobiernos y de cualquier parte interesada relevante en la actividad deportiva.

En su informe, Türk recomendó destinar una parte de los ingresos de los eventos con ánimo de lucro a promover la inclusión y participación de grupos que están excluidos del deporte, en particular debido a la discriminación racial.

Ambos informes instaron a los organismos deportivos a poner en marcha mecanismos independientes de reclamación y a proporcionar remedios efectivos, a invertir en el acceso a nivel de base, a diversificar su liderazgo y a consultar a los atletas antes de redactar las normas sobre elegibilidad. Türk también insistió en que los y las atletas que denuncien el racismo deben recibir protección contra posibles represalias.

Para los atletas, los avances hacia el fin del racismo habrán de medirse en términos prácticos: poder practicar el deporte de su elección, ser tratados de forma justa y saber que el denunciar abusos conllevará recibir protección, no correr un mayor riesgo.

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