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Justicia más allá de los tribunales: cómo el litigio estratégico contribuye a la justicia racial

31 de agosto de 2026

Una persona que apoya el movimiento Black Lives Matter, con un pañuelo oscuro en la cabeza y una camiseta oscura, habla por un megáfono frente al Capitolio de los Estados Unidos de América.
© Mobilus In Mobili / CC BY 2.0

Marie-Josée Loshi, Noëlle Verbeken, Léa Tavares Mujinga, Simone Ngalula y Monique Bintu Bingi nacieron en el Congo entre 1948 y 1952. Cuando tenían entre dos y cinco años, fueron arrancadas de sus madres africanas y recluidas en misiones católicas, despojadas de su familia, identidad y cultura. Ellas eran cinco de los aproximadamente 15.000 niñas y niños, los llamados “métis”, nacidos de padres europeos y madres africanas que fueron separados de sus familias mediante prácticas llevadas a cabo durante la administración colonial belga.

Durante décadas, las víctimas sintieron que se esperaba que ese episodio simplemente se borrara con el tiempo. Sin embargo, en junio de 2020, las cinco mujeres presentaron una demanda civil que no solo reveló sus experiencias individuales, sino que también evidenció una política colonial que había afectado a miles de infantes. Perdieron en primera instancia en 2021. Apelaron la decisión y, en 2024, el Tribunal de Apelación de Bruselas determinó que Bélgica había incurrido en responsabilidad civil por actos constitutivos de crímenes de lesa humanidad.

El 22 de mayo de 2026, el Tribunal de Casación, la máxima instancia de apelación de Bélgica, confirmó la responsabilidad del Estado y ratificó el derecho de las cinco mujeres a obtener reparación, concediendo una indemnización a cada una de ellas.

“Hasta entonces, estos acontecimientos se habían entendido simplemente como un episodio histórico, como un detalle del pasado y, de hecho, eran prácticamente desconocidos”, relató Jehosheba Bennett, una abogada belga afrodescendiente que formó parte del equipo jurídico que representó a las cinco mujeres.

Portrait of attorney Jehosheba Bennett. She has long curly dark hair, wearing a sleeveless cream shirt with a collar and pintuck detail, smiling at the camera against a plain light gray background.

Jehosheba Bennett, abogada que formó parte del equipo jurídico que representó a las cinco mujeres “métis”. © Jehosheba Bennett

La preparación del caso fue un proceso delicado; nunca antes se había pedido a las mujeres que revivieran lo que les había ocurrido ante alguien ajeno a su comunidad.

“Reflexionamos mucho sobre cómo recopilar sus testimonios en condiciones que fueran lo más seguras y tranquilizadoras posible”, afirmó Bennett. Los testimonios de las mujeres estaban respaldados por documentos que tenían en su poder, incluidos expedientes sobre su internamiento en instituciones, correspondencia entre las monjas católicas y el gobernador colonial, y cuadernos en los que se registraban cambios arbitrarios de nombre. Según Bennett, estas pruebas “permitieron demostrar que se trataba de una política sistemática del Estado”.

Este caso muestra que el litigio estratégico puede lograr mucho más que justicia para las víctimas directas: puede brindar cierto reconocimiento a las 15.000 personas supervivientes y sentar un precedente que otras personas puedan invocar.

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Para las víctimas, [esta decisión] supone una forma de reconocimiento del inmenso sufrimiento que marcó sus vidas. Y, desde el punto de vista jurídico, les permite continuar su lucha, debido al carácter imprescriptible de los crímenes de lesa humanidad

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Jehosheba Benett, abogada especializada en derecho penal internacional.

Para las personas afrodescendientes, que con demasiada frecuencia se enfrentan a obstáculos históricos y estructurales para acceder a la justicia, el litigio estratégico puede llevar a una reivindicación más allá del reconocimiento político y garantizar medidas de reparación concretas que los tribunales puedan hacer cumplir.

Cada año, el 31 de agosto, el Día Internacional de los Afrodescendientes es un recordatorio de cuánto trabajo queda por hacer para abordar las consecuencias persistentes de la esclavitud, el colonialismo y el racismo sistémico. La conmemoración de este año reviste especial importancia. Coincide con el 25º aniversario de la adopción de la Declaración y el Programa de Acción de Durban, el marco global más completo para combatir el racismo y la discriminación racial, y con el inicio del Segundo Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2025-2034), proclamado por la Asamblea General bajo el tema “Reconocimiento, justicia y desarrollo”.

La agenda de cuatro puntos de ONU Derechos Humanos hacia un cambio transformador para la justicia y la igualdad racial insta a los Estados a poner fin a la impunidad por las violaciones cometidas por las fuerzas de seguridad y a afrontar las consecuencias persistentes de la esclavitud y el colonialismo mediante la rendición de cuentas y la reparación. En 2025, un informe del Alto Comisionado reforzó este llamado al afirmar que la justicia reparadora debe ser integral, estar configurada por las comunidades afectadas y fundamentarse en el derecho internacional de los derechos humanos.

Cuando un caso se transforma en un movimiento

La discriminación y la desigualdad que puso de manifiesto la Conferencia de Durban no son vestigios de la esclavitud y el colonialismo relegados al pasado, sino estructuras que continúan operando en el presente. Actualmente persisten en el racismo sistémico que sigue atravesando todos los ámbitos de la vida de las personas afrodescendientes, incluso mediante prácticas discriminatorias por parte de las fuerzas del orden.

En Estados Unidos de América, el abogado de derechos civiles Benjamin Crump lleva décadas luchando por lograr justicia en casos relacionados con la muerte de personas afrodescendientes a manos de las fuerzas policiales. Entre muchas otras, representó a las familias de George Floyd y Breonna Taylor.

Bennett y Crump no solo representan a personas afrodescendientes ante los tribunales; como integrantes de esas mismas comunidades, encabezan la lucha para hacer frente a la injusticia racial y garantizar la rendición de cuentas.

Crump comprendió esta realidad desde muy temprano. En 2006 asumió el caso de Martin Lee Anderson, “un joven de catorce años que fue internado en un centro de detención juvenil de Florida, [Estados Unidos de América]”, recordó. “Martin fue golpeado hasta la muerte por los guardias del centro por no cumplir con una actividad física obligatoria”. De cuerdo con Crump, el caso “dio lugar a la prohibición total de los campamentos de instrucción militar para jóvenes en Florida”. Era la primera vez que veía cómo la justicia para una familia podía transformar todo un sistema.

El asesinato de George Floyd en 2020 desencadenó un movimiento mundial contra el racismo, el cual llegó hasta el Consejo de Derechos Humanos, donde impulsó un debate sobre el racismo sistémico y la creación del Mecanismo de Expertos para Promover la Justicia e Igualdad Racial en la aplicación de la Aplicación de la Ley (EMLER, por sus siglas en inglés).

A press conference for the George Floyd federal civil rights lawsuit outside a USA federal courthouse. Benjamin Crump is in a blue suit and speaks into microphones on a stand outside the Diana E. Murphy Courthouse. Several people in suits stand nearby, wearing face masks. To the right, photographers and reporters film and take notes.

El abogado Benjamin Crump anuncia una demanda federal por violación de los derechos civiles contra la ciudad de Minneapolis, en nombre de la familia de George Floyd, frente al Tribunal Federal Diana E. Murphy de Estados Unidos de América. © Tony Webster / CC BY 2.0

"Buscar justicia para mis clientes en el escenario mundial me brindó la oportunidad de generar un cambio más sistémico en todo Estados Unidos, porque la atención mundial se centró en las persistentes desigualdades raciales que enfrentan las personas negras en el país," señaló Crump.

Para Crump, el litigio no sustituye al activismo, sino que amplifica su alcance. “El litigio incorpora a las leyes y las políticas la voz de las personas representadas por activistas de base”, explicó. Además, el sistema internacional está más al alcance de lo que muchas personas suponen. Presentar ante las Naciones Unidas un informe sobre una violación de los derechos humanos, afirmó, “es mucho más sencillo de lo que la mayoría de los abogados creen”. 

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En todas las naciones donde un niño o una niña negra nace y respira por primera vez, debe tener derecho a la igualdad de derechos.

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Benjamin Crump, abogado de derechos civiles basado en EUA

Fundamentada en las realidades vividas por las personas afrodescendientes en todo el mundo, la aspiración del Segundo Decenio Internacional es lograr no solo reconocimiento, sino también justicia y desarrollo. Al dirigirse a la Asamblea General en marzo de 2026, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, demandó “la voluntad de afrontar los legados del pasado, incluidos la esclavitud y el colonialismo, y de reparar los daños causados”. Asimismo, reclamó “la voluntad de reforzar la rendición de cuentas por todas las formas de discriminación racial y odio, y de garantizar justicia para las víctimas y sus familias”.

¿Qué inspira a las personas a seguir librando batalles legales que pueden prolongarse durante décadas?

Para Crump, la respuesta es perseverar, independientemente de los reveses. Citó las palabras de Nelson Mandela: “No me juzguen por mis éxitos; júzguenme por el número de veces que caí y volví a levantarme”.

“Concentren su energía en la decisión de despertarse cada mañana y luchar por lo que es justo, independientemente del resultado al final del día”, añadió Crump.

Mensaje del Alto Comisionado con motivo del Día Internacional de los Afrodescendientes 2026